“Un hospital en Cuba significa muerte”: El desgarrador calvario de un joven para salvar a su abuela

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Decir que hoy en día terminar en un hospital en Cuba es jugar a la ruleta rusa con la vida no es una metáfora; es una realidad que golpea el rostro de miles de familias. Entre apagones que no dan tregua, una falta de higiene que espanta y la carencia absoluta de insumos básicos, el personal médico, exhausto y con las manos atadas, hace lo que puede con la nada. 

Esta es la pesadilla que le tocó vivir a un joven cubano residente en Estados Unidos, quien recibió de boca de su madre la noticia que todo emigrado teme: “Me acaban de decir que hay que operar a tu abuela”.

Sin pensarlo dos veces, el joven voló a la Isla cargado no de regalos, sino de un cargamento de supervivencia médica. En una entrevista para Telemundo 51, relató todo lo que tuvo que llevar, sumándose a esa marea de familias que en redes sociales suplican por un antibiótico o una jeringuilla para que sus seres queridos no mueran en la espera. 

Al llegar al Hospital Provincial Universitario “Arnaldo Milián Castro”, en Santa Clara, sus peores miedos se confirmaron. “Un hospital en Cuba, eso significaba muerte”, sentenció con una claridad que hiela la sangre.

Lo que encontró en el centro médico santaclareño fue una escena dantesca. El deterioro no era solo estructural, sino humano. “No había nada, el orine, porque tenía desagües, orine por todos lados. Deteriorado, oxidado”, recordó con espanto. 

Para garantizar un mínimo de decencia para su abuela y evitar una infección fatal, el joven tuvo que sacar dinero de su bolsillo para pagar que limpiaran el área.

Pero su misión no se quedó solo en su familia. Conmovido por la miseria compartida, se convirtió en el ángel de la guarda de la sala. 

“Empecé a comprar las bebidas, las comidas y todas las mañanas les dejaba un yogurcito a cada persona. Fui al infantil el lugar de niños, compré un plato entero de dulce, y le dije: mira, lo único que te pido es que cada vez que pase un niño, se lo regales y le digas, Que Dios te bendiga”, relató, dejando constancia de que, en medio del colapso, la solidaridad entre cubanos sigue siendo el único soporte real.

La crisis energética, que ya no respeta ni los sectores supuestamente «priorizados», le dio el golpe de gracia a su paciencia. Mientras intentaba aliviar el dolor de su abuela, la realidad del país le apagó la luz en la cara. “Me recuesto con mi abuela, empiezo a darle masajes, ¡pum! Se va la luz. No se me olvida”

Ante la falta de ambulancias o vehículos oficiales, el joven tuvo que cargar a la anciana en sus propios brazos para trasladarla a otra institución. “Porque no había carros pa´ moverla, la llevé a otro hospital, pero si no, por gusto. ¿Y quieres que te diga algo más? Me acaba de escribir mi mamá para decirme que a mi abuela le dieron el alta”, concluyó con una mezcla de alivio y amargura.

Esta situación no es un hecho aislado. Un reciente mapa interactivo publicado por The New York Times comparó la situación electroenergética de Cuba en marzo de 2025 con la actual de 2026, mostrando cómo los pocos puntos de luz que resistían hace un año se han ido extinguiendo. 

Lo que antes era una crisis sostenida, hoy es un apagón sistémico que ha devorado incluso a los hospitales, dejando a la población a merced de milagros y de la ayuda que llega, a duras penas, desde el otro lado del mar.

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