Efecto Perugorría: Los Pichy Boys ofrecen un consejo para lidiar con «los artistas» cubanos y más allá

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El mensaje de Los Pichy Boys —convertido ya en consigna— circula con una simplicidad brutal: si el artista no habla, el público tiene un botón para responder.

La polémica que rodea al actor cubano Jorge Perugorría tras sus declaraciones durante el Festival de Cine de Málaga ha terminado provocando un fenómeno inesperado en redes sociales: una discusión abierta sobre el papel político —o la ausencia de él— de los artistas cubanos. En medio de ese debate, el popular dúo humorístico Los Pichy Boys lanzó un mensaje que se ha viralizado rápidamente entre la comunidad cubana dentro y fuera de la isla: si un artista «no habla» de Cuba, el público debería dejar de seguirlo, de consumir su contenido y de asistir a sus conciertos.

La chispa que encendió el debate fue la intervención de Perugorría en Málaga, donde acudió a presentar su película “Neurótica anónima”. Durante su paso por el festival, el actor calificó la situación de Cuba como “el peor momento de la historia del país”, señalando que la crisis energética y económica ha paralizado proyectos culturales y cinematográficos. Incluso reveló que una película que estaba a punto de rodar tuvo que suspenderse por falta de combustible.

Sin embargo, las reacciones no se centraron únicamente en su diagnóstico de la crisis. Parte del debate surgió por sus referencias a las sanciones de Estados Unidos y a las políticas del presidente Donald Trump como uno de los factores que agravan la situación de la isla. Para algunos sectores del exilio cubano, esas declaraciones fueron interpretadas como una forma de desplazar responsabilidades del gobierno cubano hacia el exterior, algo que en redes sociales generó críticas inmediatas.

Después de eso, numerosas personas han salido a criticar lo dicho por Pichi, como a apoyarlo. Los que le han ofrecido su apoyo se dividen en dos vertientes: los oficialistas —llamémosles así— que decididamente están en contra del apretón de tuercas que ha dado Trump; y los amigos de Perugorría, que lo defienden por la amistad que tienen con él, lo buena persona que es, a sabiendas de que lo dicho tiene sus matices.

Fue en ese contexto que los Pichy Boys publicaron un mensaje directo en redes que muchos interpretaron como una respuesta al momento político y cultural que se ha abierto. “El artista no habla de lo que pasa en Cuba: no lo apoyes”, dice una de las frases que acompañan el post. “El músico, repartero o cantante tampoco: no vayas a sus shows. El influencer no le importa Cuba: unfollow”.

El mensaje concluye con una idea que resume el tono de la campaña: “Tú los hiciste famosos. Apágalos”.

La publicación fue replicada ampliamente y recibió miles de interacciones. En páginas de Facebook dedicadas a la discusión política cubana, el texto comenzó a circular acompañado de comentarios que pedían un boicot cultural contra figuras públicas que, según los usuarios, evitan pronunciarse sobre la situación del país.

El gran maestro de ajedrez cubano Lázaro Bruzón, por ejemplo, compartió el mensaje calificándolo de “muy justo”, lo que amplificó todavía más su alcance entre el público cubano en el exilio.

Pero la discusión está lejos de ser unánime.

En los comentarios del propio post de Los Pichy Boys se puede ver un mosaico de opiniones que refleja la fractura del debate. Algunos usuarios celebran la propuesta como una forma de presión legítima sobre artistas e influencers que, según ellos, viven del público cubano pero evitan pronunciarse sobre la crisis del país.

Otros, sin embargo, cuestionan el enfoque. Algunos recuerdan que el arte no necesariamente tiene que convertirse en tribuna política y que exigir posicionamientos ideológicos podría terminar reproduciendo las mismas dinámicas de presión que muchos cubanos dicen haber dejado atrás al emigrar.

Ese argumento aparece repetido en varios comentarios: si la libertad de expresión implica poder criticar al gobierno cubano, también debería implicar el derecho de un artista a no hablar de política.

En cualquier caso, lo que sí parece evidente es que el llamado “efecto Perugorría” ha vuelto a poner sobre la mesa una discusión que acompaña al exilio cubano desde hace décadas: el papel del artista frente a la realidad política de su país.

La figura del actor, que saltó a la fama internacional con la película “Fresa y Chocolate” en los años noventa, siempre ha estado rodeada de controversias en ese terreno. Perugorría ha sido percibido durante años por sectores del exilio como una figura cercana al aparato cultural del Estado cubano, mientras que otros lo consideran un artista que ha intentado moverse en un espacio intermedio entre crítica y lealtad cultural.

En el fondo, la discusión actual parece menos sobre Perugorría en sí mismo y más sobre un fenómeno más amplio: la creciente expectativa de que las figuras públicas cubanas se pronuncien de manera clara sobre la crisis política y social del país.

Para algunos activistas, el silencio equivale a complicidad. Para otros, es simplemente una elección personal que debería respetarse.

Entre esos dos extremos se mueve hoy la conversación digital.

Y mientras el debate continúa, el mensaje de Los Pichy Boys —convertido ya en consigna— circula con una simplicidad brutal: si el artista no habla, el público tiene un botón para responder.

El de apagarlo.

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