«Una batalla tras otra» arrasa en los Oscar 2026: La noche de gloria de Paul Thomas Anderson y Michael B. Jordan

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La 98.ª edición de los Premios Oscar, celebrada en el Dolby Theatre de Los Ángeles, no fue solo una entrega de premios, sino la consagración de una visión cinematográfica que llevaba décadas esperando su momento de reconocimiento absoluto. En una velada marcada por la nostalgia, la innovación tecnológica y algunos giros inesperados, la película Una batalla tras otra (One Battle After Another) se erigió como la gran vencedora de la noche, al llevarse seis estatuillas, incluida la de Mejor Película.

El gran protagonista de la jornada fue, sin duda, Paul Thomas Anderson. Tras años acumulando nominaciones sin lograr imponerse en las categorías principales, el cineasta rompió finalmente su larga sequía en los Oscar de la manera más contundente posible. Anderson no solo recibió el premio a Mejor Director, sino también el de Mejor Guion Adaptado por su adaptación para la pantalla de la novela Vineland, de Thomas Pynchon. Durante su discurso, el director bromeó con la espera que había tenido que soportar: “You make a guy work hard for one of these”, dijo ante una ovación prolongada del auditorio. Su película, un thriller de tono oscuro impregnado de paranoia política y estética setentera, terminó consolidándose como la obra más celebrada de la ceremonia.

En las categorías de interpretación también hubo momentos de fuerte carga emocional. Michael B. Jordan ganó el Oscar a Mejor Actor por su trabajo en Sinners, donde interpreta a dos hermanos gemelos en una historia ambientada en un entorno social hostil. El actor dedicó el premio a las generaciones de intérpretes afroamericanos que abrieron camino en Hollywood, mencionando a figuras como Sidney Poitier y Denzel Washington. Su interpretación, descrita por numerosos críticos como física y emocionalmente devastadora, confirmó el peso que ha ido ganando dentro de la industria.

El premio a Mejor Actriz fue para la irlandesa Jessie Buckley por su interpretación de Agnes Hathaway en Hamnet, la historia del duelo de la familia de William Shakespeare tras la muerte de su hijo. Buckley, visiblemente emocionada, dedicó el galardón a las madres que atraviesan pérdidas y encuentran en el arte una forma de sostenerse y reconstruirse.

La ceremonia, presentada por Conan O’Brien, mantuvo un tono ágil y por momentos imprevisible. Uno de los episodios más inusuales de la noche fue el empate en la categoría de Mejor Cortometraje de Ficción, donde The Singers y Two People Exchanging Saliva compartieron el premio. El empate es un hecho extremadamente raro en la historia de los Oscar y recordó a momentos excepcionales del pasado de la Academia.

La música también tuvo su momento de protagonismo con la victoria de la canción Golden, perteneciente a la película animada KPop Demon Hunters, que además se llevó el premio a Mejor Película de Animación. La interpretación en vivo del tema, acompañada de una puesta en escena llena de luces doradas y coreografía milimétrica, fue uno de los momentos más celebrados de la gala.

En las categorías técnicas, Avatar: Fire and Ash confirmó el dominio de la saga de James Cameron en el terreno de la innovación visual al ganar el Oscar a Mejores Efectos Visuales. Por su parte, Frankenstein, dirigida por Guillermo del Toro, destacó en los apartados de Diseño de Producción, Maquillaje y Peluquería, y Vestuario, reafirmando el sello estético del cineasta mexicano.

La decepción para el cine en español llegó con Sirât, de Oliver Laxe, que partía con altas expectativas pero terminó sin premios. El Oscar a Mejor Película Internacional fue para la noruega Sentimental Value, dirigida por Joachim Trier, quien dedicó su discurso a la fuerza de las historias familiares en tiempos de fragmentación cultural.

El tramo final de la ceremonia incluyó el tradicional segmento In Memoriam. Barbra Streisand subió al escenario para rendir un tributo especial a Robert Redford, mientras que Billy Crystal encabezó el homenaje al director y actor Rob Reiner. Fue uno de los momentos más emotivos de la noche y reforzó la sensación de que la gala funcionó como un puente entre distintas generaciones de Hollywood.

Con seis premios en total, Una batalla tras otra no solo dominó la ceremonia, sino que selló definitivamente el reconocimiento institucional a Paul Thomas Anderson, uno de los autores más influyentes del cine contemporáneo. Después de años de espera, la Academia terminó rindiéndose ante un cineasta cuya obra llevaba tiempo reclamando ese lugar en la historia del cine.

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