Cineasta Pavel Giroud expone la verdad sobre Cuba que Jorge Perugorría no quiso contar

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El reciente paso del cine cubano por el Festival de Málaga dejó algo más que estrenos y alfombras rojas. Las intervenciones públicas de dos figuras reconocidas del audiovisual de la isla, Jorge Perugorría y Pavel Giroud, terminaron exponiendo dos visiones muy distintas sobre la crisis que atraviesa Cuba. Mientras el actor responsabilizó fundamentalmente a las sanciones de Estados Unidos por la situación del país, Giroud puso el foco en el silencio internacional frente a los abusos del régimen cubano.

La polémica comenzó cuando Jorge Perugorría, invitado al festival para presentar el filme Neurótica Anónima, afirmó que las sanciones estadounidenses estaban empujando a Cuba hacia una “crisis humanitaria”. En declaraciones recogidas por varios medios, el actor sostuvo que la isla vive uno de los momentos más difíciles de su historia reciente y atribuyó gran parte del deterioro económico a la presión de Washington.

Según esas declaraciones, la situación afecta incluso a la industria cultural. Perugorría explicó que un proyecto cinematográfico en el que participaba tuvo que detenerse por falta de combustible, y aseguró que los pocos recursos disponibles se estaban destinando a hospitales. La actriz Mirtha Ibarra, que también participó en la presentación, reforzó esa imagen describiendo un país con apagones prolongados y una vida cotidiana marcada por la escasez.

Las palabras del actor generaron un fuerte debate dentro y fuera de la comunidad cultural cubana. El director Ian Padrón reaccionó públicamente retándolo a un debate sobre las causas reales de la crisis en la isla. Al mismo tiempo, figuras vinculadas al oficialismo cubano como el Presidente de los CDR Gerardo Hernández, salieron en defensa de Perugorría, interpretando sus declaraciones como una denuncia legítima del impacto del embargo estadounidense.

Más lejos y peor se fue la agencia oficialista Prensa Latina, que le dedicó una nota a lo dicho por «Pichi» en Málaga, la cual tituló «Jorge Perugorría, un artista que sueña por Cuba y el cine».

Sin embargo, la realidad dice otra cosa según el criterio de varios realizadores jóvenes cubanos que insisten en lo que todos conocen: que el actor y realizador, jamás ha hecho nada por los otros.

No fue y no ha sido de los que empujó por la ley de cine, ni tampoco ha apoyado a los miembros de la Asamblea de Cineastas de Cuba, por mencionar dos ejemplos vitales dónde ha debido situarse y no lo ha hecho. Su apego al oficialismo y el Estado le ha propiciado agenciarse el papel de director del Festival de Cine Pobre en Gibara, Holguín; y otro, ahora, en Isla de la Juventud.

Su único «punto destacado» con relación a sus colegas fue aparecerse frente al Ministerio de Cultura el 27 de noviembre de 2020, y no fue porque le interesase lo que allí estaba sucediendo y respaldar a los que allí estaban esperando hablar con el Ministro; sino porque el Vicepresidente del MINCULT, Fernando Rojas, lo llamó para que oficiara como mediador.

Afortunadamente «la discusión sobre Cuba en Málaga» no terminó ahí. En el mismo festival se encontraba también el cineasta Pavel Giroud, el realizador de El Caso Padilla, quien presentó ahora su película Comandante Fritz. Tras una de las proyecciones, Giroud mantuvo un intercambio con el público en el que abordó directamente la situación de Cuba y ofreció una lectura distinta del problema. Esa que Perugorría no le interesaba que se contase.

Lejos de centrarse exclusivamente en las sanciones o en la política estadounidense como hizo «Pichi», Giroud apuntó a lo que considera un problema más profundo: la falta de condena internacional hacia el régimen cubano y el silencio que durante décadas ha rodeado sus abusos.

El director señaló que buena parte del debate internacional sobre Cuba se activa solo cuando el conflicto involucra a Estados Unidos. En cambio, dijo, los crímenes, la represión política y las violaciones de derechos dentro del país han sido ignorados durante años por muchos actores internacionales.

Giroud también criticó la actitud de sectores de la izquierda y de antiguos simpatizantes de la revolución cubana que, al reconocer que fueron engañados o que el sistema fracasó, optan por callar en lugar de condenar con claridad la situación actual del país.

En su intervención, el cineasta fue especialmente crítico con el papel de organismos internacionales y gobiernos europeos, a los que acusó de no haber ejercido suficiente presión sobre el régimen cubano. A su juicio, esa falta de firmeza contribuyó a que la crisis política y económica alcanzara el nivel actual, y no solo (o tanto) al papel que está ejerciendo ahora Donald Trump.

El director planteó que el resultado de ese abandono es una creciente desesperación entre los cubanos. Según explicó, ese sentimiento ha llevado a muchos a adoptar una lógica pragmática en la política internacional: “el amigo de mi enemigo es mi amigo”. En otras palabras, cuando una sociedad se siente completamente abandonada por la comunidad internacional, las alianzas ideológicas dejan de tener sentido.

Las palabras de Giroud no provocaron el mismo eco mediático que las de Perugorría, en parte porque han sido recién dichas, y en parte porque Perugorría es una figura mucho más conocida, pero sí circularon rápidamente en redes sociales y entre el público cubano que sigue el debate cultural y político sobre la isla.

El contraste entre ambas intervenciones refleja una fractura cada vez más visible dentro del mundo cultural cubano. Por un lado, artistas que continúan explicando la crisis del país principalmente a partir de factores externos, como las sanciones estadounidenses. Por otro, creadores que consideran imposible hablar del colapso económico y social de Cuba sin mencionar el papel del propio sistema político.

El hecho de que este intercambio haya ocurrido en un escenario internacional como el Festival de Málaga también es significativo. Durante décadas, muchos artistas cubanos evitaron abordar públicamente el tema político fuera de la isla. Hoy, sin embargo, cada vez más voces del ámbito cultural están dispuestas a discutir abiertamente las causas de la crisis.

En ese contexto, la intervención de Giroud terminó convirtiéndose en una especie de contrapunto a las palabras de Perugorría. Mientras el actor habló de sanciones y presión externa, el director insistió en que la comunidad internacional también debería mirar hacia dentro de Cuba y reconocer el peso de un sistema que, según dijo, ha dejado al pueblo cubano en una situación límite.

Más allá de la polémica, el episodio muestra cómo el debate sobre el futuro de Cuba ya no se limita a políticos o activistas. También está llegando con fuerza al mundo del cine y la cultura, donde cada vez resulta más difícil separar las historias que se cuentan en pantalla de la realidad que vive el país.

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