El debate sobre Venezuela no va de arepas: EE.UU., Cuba, Rusia, China y otras potencias actúan por petróleo, dinero e influencia geopolítica, aseguran miles de internautas y venezolanos, principalmente.
Un meme compartido en redes por la activista cubana Lara Crofs resume, en clave de burla, un argumento que se repite cada vez que Venezuela entra en crisis: “la gente diciendo que EE.UU. se metió en Venezuela por el petróleo como si Cuba, Irán, Rusia y China estuvieran apoyando a Maduro por las arepas”. Debajo, una cadena de comentarios celebra la frase como si cerrara el debate. Pero el chiste, por eficaz que sea, también deja una pregunta incómoda: cuando hablamos de “injerencia” y de “intereses”, ¿por qué se señala a uno solo?
El tema de fondo no es si Estados Unidos tiene intereses en Venezuela. Los tiene, y los ha tenido siempre: geopolíticos, energéticos y de seguridad. Lo difícil de sostener es la idea de que ese interés es el único motor en juego. Venezuela no es un tablero vacío. Es un país con la mayor reserva probada de petróleo del mundo, con una posición estratégica en el Caribe y con una red de alianzas construida durante años con potencias que también actúan por cálculo. Reducirlo todo a “los gringos quieren petróleo” termina siendo una forma de propaganda por omisión: deja fuera lo que hacen los demás.
Cuba, en particular, no está en Venezuela por afinidad culinaria. La Habana necesita petróleo y necesita divisas. Reuters ha descrito la relación como un intercambio en el que Venezuela aporta una parte relevante del combustible que consume la isla a cambio de personal cubano, especialmente en el área de salud, en un momento en que Cuba atraviesa una crisis energética y económica prolongada. Ese combustible no es un detalle: cuando se atrasa un envío, el sistema eléctrico cubano lo siente en horas.
La otra pata del acuerdo es el dinero. En la arquitectura de la “cooperación”, la exportación de servicios médicos se ha convertido durante años en una de las principales fuentes de ingresos externos de Cuba, incluso en etapas en que las cifras oficiales se presentan agregadas y sin desgloses por país. En Venezuela, el programa Barrio Adentro movió durante años montos significativos. La organización Transparencia Venezuela, por ejemplo, documentó que en 2007 el Estado venezolano transfirió 425 millones de dólares a Cuba por pagos vinculados a servicios prestados en el marco de esa misión. Es un dato viejo, sí, pero sirve para dimensionar el tipo de flujo que estuvo en juego y por qué, aun con la crisis venezolana, La Habana tiene incentivos para sostener su presencia.
Aquí conviene poner el análisis en equilibrio. Señalar el interés cubano no vuelve “legítimo” el interés estadounidense, ni convierte a Washington en villano único. Tampoco exonera a Rusia, China o Irán, cuya presencia en Venezuela responde a acceso a recursos, posicionamiento regional, contratos, deuda y capacidad de influencia. Lo que hace el meme —y por eso funciona— es recordar que el lenguaje moral suele usarse como disfraz del cálculo.
La discusión real debería comenzar ahí: nadie está en Venezuela por las arepas, y justamente por eso, cuando se invoca la palabra “injerencia”, conviene mirar el cuadro completo. Porque si el nuevo escenario geopolítico reordena el petróleo venezolano y también reordena los acuerdos de cooperación, el impacto no se medirá en discursos: se medirá en apagones, en dinero que deja de entrar y en la fragilidad de países que apostaron su estabilidad a un solo proveedor.
Volviendo al meme compartido por Lara. No ha sido ella la única que «lo ha dicho». De hecho, el meme compartido por ella nace, muy probablemente por una frase dicha en una manifestación y que quedó recogida en este post, que se viralizó en Instagram. La frase, dicha por un manifestante, contiene más o menos similar mensaje: “Para los que piensan que Estados Unidos solo quiere petróleo, ¿qué creen que querían los chinos y los rusos, la receta de la arepa?”

















