The Guardian pide a cubanos contar cómo viven la crisis tras el “bloqueo” de combustible

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El diario británico The Guardian publicó el 11 de febrero de 2026 una convocatoria dirigida a personas que viven en Cuba para que expliquen, con testimonios directos, cómo la escasez de combustible está afectando su vida cotidiana. El medio, que parece haberse desayunado con lo mala que está la vida en la nación caribeña, enmarca la situación como consecuencia de un endurecimiento de la política de Estados Unidos hacia la isla y describe un escenario de estaciones cerradas, dificultades para acceder a gasolina y disrupciones en transporte y servicios; pero la realidad, la sabemos los cubanos, antecede a este «bloqueo» al que hace referencia el medio británico.

La pieza no es un reportaje tradicional sino un “callout” del equipo comunitario del periódico: solicita relatos sobre apagones, interrupciones del transporte, impacto en el acceso a bienes básicos y cambios en rutinas familiares y laborales. En el mismo texto, The Guardian enfatiza un punto sensible: advierte que la seguridad de quienes respondan es prioritaria y pide evaluar riesgos antes de enviar información o material audiovisual desde Cuba.

La convocatoria de The Guardian aparece en una semana donde otros reportes han descrito efectos concretos de la crisis energética sobre la movilidad internacional. Reuters, por ejemplo, informó que Cuba advirtió a aerolíneas sobre la falta de combustible de aviación y que Rusia contemplaba repatriar turistas y suspender operaciones después, ante la imposibilidad de garantizar reabastecimiento. Esa dimensión —la del combustible como cuello de botella— ayuda a entender por qué la conversación pública está escalando y por qué medios internacionales buscan ahora construir una fotografía de la crisis desde la experiencia cotidiana.

El medio también señala que las direcciones IP pueden quedar registradas en servidores de terceros y que, para mayor anonimato, ofrece vías de mensajería segura, además de permitir respuestas anónimas. En términos editoriales, esa advertencia ilustra el clima de preocupación que rodea la recolección de testimonios en contextos donde el ciudadano teme consecuencias por hablar públicamente, incluso cuando lo hace para un medio internacional.

En ese sentido, la nota no solo recoge testimonios potenciales sobre la crisis material; también expone, de forma indirecta, la arquitectura de miedo que acompaña a la vida cívica en la isla. Que la seguridad del emisor deba colocarse por delante del contenido del mensaje dice mucho sobre el tipo de Estado en el que ese mensaje se produce. The Guardian no está haciendo solo una precisión técnica: está reconociendo que hablar públicamente puede tener consecuencias. Ese gesto editorial, que en otros contextos sería casi innecesario, funciona aquí como un síntoma del entorno en que viven quienes responden.

La paradoja es que esa advertencia termina describiendo el clima político mejor que muchos reportajes. Si contar cómo afectan los apagones o la falta de combustible exige pensar primero en protección digital, es porque existe una expectativa razonable de vigilancia o represalia. No hace falta una acusación explícita: la precaución misma dibuja el contorno de un sistema donde la expresión pública no es neutra.

Bien dicho en cubano: Si sabes, pá qué preguntas.

Si Ud. quiere rellenar el formulario y hacerle saber al diario británico cómo es que se vive en Cuba, puede hacerlo aquí

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