El vecino de Fomento añade una arista sensible: “Yo quiero arreglar mi casa”. No pide una restauración integral financiada por el presupuesto; pide acceso legal a madera, tejas, clavos, pintura, y que la autoridad cultural acompañe —no obstaculice— una reparación básica que evite males mayores. Ese enfoque de “conservación habilitante” (permitir intervenciones seguras y reversibles para preservar habitabilidad) ha sido recomendado en múltiples contextos con economías restringidas, pero en Cuba choca con una burocracia que prioriza el control documental por encima de soluciones de urgencia.
Vecinos de Sancti Spíritus denuncian recibir agua turbia, con insectos y mal olor. Autoridades culpan a la sequía, reconocen la crisis y descartan la presencia de “peces vivos” en las tuberías.
En una Cuba donde conseguir lo básico —desde alimentos hasta medicamentos— es una lucha diaria, y donde muchos jóvenes ven el futuro como una calle sin salida, casos como este evidencian un malestar profundo que no siempre se expresa, pero que cada vez cobra más vidas en silencio.
Según datos ofrecidos por la Empresa Eléctrica Provincial, Fomento, como el resto de los municipios del centro del país, enfrenta cortes de electricidad que pueden superar las 20 horas diarias.
La situación en Sancti Spíritus, Villa Clara y La Habana es un reflejo de la realidad que enfrenta toda Cuba: un país que envejece rápidamente, con una población cada vez más reducida y con pocas perspectivas de cambio a corto plazo. Sin una intervención efectiva y sostenida, la crisis demográfica de Cuba podría tener consecuencias profundas y duraderas para la nación.