El caso del hospital “Marie Curie” es presentado como símbolo de un patrón de abandono institucional: mientras el Estado invierte en hoteles y torres de lujo, los enfermos de cáncer sobreviven sin medicinas ni condiciones básicas. Para los familiares, la indignación se resume en una pregunta reiterada: ¿hasta cuándo el pueblo tendrá que pagar con su vida la indiferencia de quienes gobiernan?
En pocas jornadas, la nación ha visto partir a profesionales que representaban décadas de experiencia y entrega. Sus muertes, más allá del dolor inmediato, dejan interrogantes sobre la capacidad de las instituciones para suplir vacíos humanos y profesionales en un contexto ya marcado por la migración y la falta de personal especializado. Este fin de semana, el luto no fue solo de familias y amigos: fue un duelo colectivo para la pedagogía, la medicina y la academia cubanas.
Occhiuto había insistido desde el inicio que los médicos cubanos contratados a través de un acuerdo con la empresa estatal cubana CSMC recibían íntegramente el salario prometido por las autoridades italianas; pero al comprobarse que no, dimitió.
El caso de Damir es un nuevo ejemplo del control que ejerce el gobierno cubano sobre la salud de sus ciudadanos y de cómo la burocracia impide a las familias tomar decisiones médicas en favor de sus seres queridos. Mientras el tiempo corre en su contra, su madre sigue alzando la voz, pidiendo auxilio y exigiendo lo que debería ser un derecho básico: el acceso a la atención médica necesaria para salvar la vida de su hijo.
El Minsap informa sobre los resultados de la investigación realizada por una comisión de expertos para determinar la causa de las muertes de los bebés.