La oleada migratoria ocurre en un escenario político y económico marcado por la represión a manifestantes del 11 de julio, la enorme inflación y el desabastecimiento galopante que le impide a los cubanos adquirir la mayoría de los productos básicos en la moneda que cobran.
Si bien el país fue declarado como uno de los más envejecidos de América Latina, los jóvenes aquí no apuntan a cumplir con la tarea sociodemográfica que les debiera tocar, sino que se comprometen cada vez más con el abandono y la partida.
No está suscrito por las estadísticas sociales, pero pudiera especularse que las familias cubanas son las que más sufren las separaciones entre sus miembros. En cualquier país del mundo un hijo despide a sus padres antes de los veinte años y se muda a un estado a tres o cuatro horas de vuelo y el asunto es mera rutina. Ley natural, podría decirse. En Cuba las separaciones se padecen y traducen en sufrimiento casi siempre.