Sherritt apostó por Cuba en los 90: ahora enfrenta su momento más difícil bajo las sanciones de Trump

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Valía casi 5 mil millones y hoy cotiza a centavos: la historia de Sherritt es también la historia del hundimiento de Cuba. Sherritt International evalúa el impacto de las nuevas sanciones de Trump mientras sus operaciones en Cuba permanecen paralizadas. La mayor minera extranjera en Cuba enfrenta su peor momento en 30 años ante la escalada de presión de Washington.

Cuando Fidel Castro abrió tímidamente Cuba al capital extranjero tras el derrumbe soviético, Sherritt International fue de las primeras en entrar. Tres décadas después, la minera canadiense que construyó en Moa una de las operaciones de níquel y cobalto más importantes del Caribe está evaluando el impacto de las últimas sanciones firmadas por Donald Trump, mientras sus operaciones en la isla permanecen paralizadas desde febrero y su valor en bolsa se ha desplomado a una fracción ínfima de lo que alguna vez fue.

Una apuesta de tres décadas que Trump pone en jaque

Sherritt llegó a Cuba en 1995 apostando por un país que acababa de perder su principal sostén económico con la caída de la Unión Soviética. La empresa canadiense firmó una joint venture 50/50 con el Estado cubano para explotar los yacimientos de níquel y cobalto en Moa, Holguín, y construyó una refinería en Fort Saskatchewan, Alberta, para procesar los minerales extraídos en la isla. Con el tiempo añadió otros negocios: un tercio de Energas S.A., que genera 506 megavatios de electricidad para la red cubana, y operaciones de petróleo y gas en la costa norte de la isla.

Durante años, Sherritt fue considerada el barómetro de las perspectivas económicas de Cuba. En su mejor momento, en 2008, la compañía alcanzó un valor de mercado de 4.8 mil millones de dólares canadienses. Hoy sus acciones cotizan en torno a los 27 centavos canadienses en la Bolsa de Toronto, dándole un valor de mercado de apenas 186 millones de dólares canadienses, unos 137 millones de dólares estadounidenses.

El lunes, tras el cierre de los mercados, Sherritt emitió un comunicado informando que está evaluando las implicaciones del nuevo ejecutivo firmado por Trump el pasado viernes, que amplía las sanciones contra Cuba apuntando a casi cualquier persona o entidad no estadounidense que haga negocios en la isla, con foco especial en sectores como defensa, minería, finanzas y seguridad. La compañía dijo que consulta con asesores y partes interesadas para determinar el alcance del impacto, según reportó Bloomberg.

El bloqueo ya paralizó Moa, y las nuevas sanciones complican el regreso

Las nuevas medidas llegan en el peor momento posible para Sherritt. En enero, Trump declaró una emergencia nacional respecto a Cuba y amenazó con imponer aranceles a cualquier país que le vendiera petróleo a la isla. Venezuela, históricamente el principal proveedor de crudo cubano, había cesado sus exportaciones tras la captura de Nicolás Maduro en el operativo de enero. El resultado fue un bloqueo de facto que dejó a Cuba sin combustible suficiente para sostener su economía.

En febrero, Sherritt anunció la paralización temporal de sus operaciones mineras en Moa al no recibir los suministros de combustible prometidos. La planta procesadora fue puesta en modo de espera. La refinería en Alberta continuó operando con inventarios acumulados, pero esos stockpiles tenían fecha de vencimiento estimada en mediados de abril.

Los números del año pasado ya dibujaban un cuadro difícil. En 2025, Sherritt registró pérdidas de 65.7 millones de dólares canadienses. Sus ingresos cayeron un 29% respecto a 2023, a 109.9 millones. La producción de níquel en Cuba ese año fue de 30,331 toneladas, por debajo de los resultados de 2024 y de las proyecciones iniciales.

Mientras Sherritt evalúa su futuro, China ocupa silenciosamente el espacio que la canadiense deja vacío. La prensa oficial cubana anunció recientemente la instalación de un sedimentador de origen chino en la planta de Moa, enmarcado en un programa de modernización tecnológica. Beijing, principal comprador del níquel cubano, avanza en la infraestructura de la industria justo cuando la empresa occidental que la ha sostenido durante 30 años enfrenta la mayor presión de su historia.

Sobre la operación en Moa pesa además una reclamación de propiedad certificada por el gobierno estadounidense, valorada en más de 88 millones de dólares antes de intereses. La instalación perteneció originalmente a una subsidiaria de lo que hoy es Freeport-McMoRan antes de ser nacionalizada tras la revolución de 1959. En el contexto de las nuevas sanciones, ese expediente cobra relevancia renovada.

Sherritt sobrevivió a Fidel Castro, a los vaivenes de Obama, a la primera administración Trump y a la pandemia. La pregunta que nadie en Toronto puede responder todavía es si esta vez la historia será diferente.

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