Un hombre llega de madrugada con una manguera y un pomo plástico. Vacía el aceite del transformador que da corriente a su cuadra. Horas después, él mismo se queda sin luz, sin agua, con la comida echándose a perder en el refrigerador. Y si lo agarran, se va veinte años preso. Por unos pesos que no alcanzan para nada.
En Santiago de Cuba, el 11 de abril de este año, un hombre murió y otro quedó con quemaduras graves intentando robar aceite dieléctrico de un transformador en Songo La Maya. No era la primera vez que algo así ocurría. No será la última. Cuba lleva meses registrando robos sistemáticos del líquido que mantiene vivos a los transformadores eléctricos, y cada robo deja sin corriente a miles de familias durante días, semanas o meses.
El aceite dieléctrico no es un lujo ni un accesorio. Es lo que aísla y refrigera las partes internas del transformador. Sin él, el equipo se recalienta, falla y muere. Un transformador destruido por falta de aceite es un transformador que Cuba no va a reponer en mucho tiempo, porque no tiene con qué.
2.500 pesos el litro: el «negocio» más tonto del mundo mundial
En el mercado negro, el aceite dieléctrico se vende a unos 2.500 pesos cubanos el litro, según reportes recientes. Un transformador de barrio puede contener entre 200 y 600 litros. Supongamos que un grupo logra extraer 100 litros, lo que ya implica organización, recipientes, transporte y cómplices.
Eso son 250.000 pesos cubanos. Al cambio informal actual, unos 200 dólares. Divididos entre tres o cuatro personas, estamos hablando de 50 dólares por cabeza. Por arriesgarse a morir electrocutado, destruir la infraestructura del propio barrio y enfrentar entre 10 y 30 años de prisión.
Sabotaje al Estado: la etiqueta que le han puesto
El régimen no procesa estos casos como hurto común. El Dictamen 475 del Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular, emitido en mayo de 2025, tipifica el robo de aceite dieléctrico como sabotaje al sistema electroenergético nacional, un delito contra la seguridad del Estado. Las penas van de 7 a 30 años, cadena perpetua, y en casos extremos, pena de muerte.
El propio presentador oficialista Humberto López amenazó públicamente con la pena capital en declaraciones del 11 de abril. Según el Tribunal Supremo Popular, entre enero de 2025 y el primer trimestre de 2026, el cien por ciento de los juzgados por sabotaje eléctrico recibió más de diez años de prisión. Sin excepciones.
Barrios enteros pagando el precio
En Amancio, Las Tunas, el robo de 600 litros en dos transformadores dejó sin electricidad a casi 5.000 clientes, alrededor del 40% del municipio. Cayó el policlínico. Cayó ETECSA. Se fue el bombeo de agua. En Los Arabos, Matanzas, poblados con 5.000 o 6.000 habitantes llevan más de una semana sin recibir un solo minuto de corriente.
En Ciego de Ávila, solo en 2025, se reportaron 41 hechos delictivos, 84 transformadores afectados y 14.440 litros de aceite sustraídos, según datos oficiales. Los que roban, en la mayoría de los casos, viven en esas mismas comunidades que después se quedan a oscuras.
Lo que explica lo que no tiene explicación
No hay lógica económica que justifique este fenómeno. La hay social. Cuba ha llegado a un punto en que una parte de su población actúa desde la desesperación pura, sin calcular consecuencias, sin medir el daño colectivo, sin ver más allá de la semana. No es maldad organizada. Es el síntoma más brutal del colapso.
Un sistema que ha destruido el sentido de lo común, que ha vaciado las tiendas, que corta la luz 12 o 16 horas al día, produce exactamente esto: gente que le roba el aceite al transformador de su propia calle. Y se queda sin luz. Y va preso veinte años. Y el transformador no se repone.
Eso es Cuba en 2026. No hay otra forma de decirlo.
FUENTES: Martí Noticias, 14ymedio, CiberCuba, OnCuba News, Directorio Cubano





















