Melissa: Todos los caminos conducen a Cuba

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En el mundo de la meteorología hay una frase que se repite desde hace apenas unas horas: “todos los caminos de Melissa conducen a Cuba”.

El sistema —todavía tormenta tropical al amanecer de este viernes 24 de octubre— permanece casi estacionario en el Caribe central, con vientos máximos de 45 mph (75 km/h) y presión mínima de 1001 mb.

Y mientras los pronósticos advierten que podría intensificarse a huracán entre hoy y mañana, los modelos de esos mismos pronósticos se muestran uniformes en su trayectoria: Melissa impactará a Cuba por el Oriente.

El Centro Nacional de Huracanes (NHC) resume el riesgo con crudeza: continuará la “inundación súbita potencialmente catastrófica y deslizamientos” en Jamaica y el sur de La Española conforme el núcleo se organice sobre aguas muy cálidas y con cizalladura en descenso. Para Cuba, la incertidumbre de trayectoria no elimina el mensaje central: es un peligro potencial, especialmente para el oriente.

La Defensa Civil cubana emitió una alerta temprana y pidió “estricta vigilancia” en las provincias orientales, después de que los meteorólogos situaran el centro de Melissa al ESE de Kingston moviéndose a paso de peatón. José Rubiera, en la TV estatal, no descartó que, con el cambio de patrón en altura, Melissa “explote” en intensidad y alcance categoría 3 o incluso 4 antes de desviarse al norte o noreste, escenario que incluye a Cuba dentro del área de riesgo.

Con sistemas lentos como Melissa, el peligro no solo está en el viento. La lluvia prolongada sobre relieve montañoso multiplica el riesgo de crecidas súbitas y deslizamientos. Aunque el NHC concentra hoy los máximos acumulados en Jamaica y el sur de Haití, su mapa de “mensajes clave” mantiene el foco en lluvias intensas y prolongadas a medida que el sistema se fortalezca y se desplace.

En episodios análogos (Sandy, 2012), el NHC llegó a pronosticar totales de 6–12 pulgadas (150–300 mm) para el oriente cubano, cantidades suficientes para desbordes extensos y cortes de caminos, incluso sin golpe directo del ojo. Con Melissa, si el giro al norte se da tarde y su campo de lluvia se expande, esos rangos son un piso verosímil para Guantánamo, Santiago y Granma; si el núcleo roza la costa, los máximos locales podrían ser mayores. La meteoróloga Madison Torres pronosticó acumulados superiores a las 12 pulgadas. En algunas de las partes del gráfico que mostró anoche, se podía ver el número trece. Y también el 17.

Evelio, un residente en Bayamo, provincia de Granma, testigo directo de dos de los principales fenómenos que han azotado al Oriente cubano lo resume en una frase llegada a Whatsapp, que condensa memoria y temor: “Será peor que Sandy y ojalá no tan mortal como Flora”. El contraste histórico es útil para explicar por qué el oriente teme más al pluviómetro que al anemómetro.

Cuando llover más que soplar mata: el recuerdo de Flora (1963)

Flora es, todavía, el referente trágico. En octubre de 1963, el huracán entró por la costa sur de Guantánamo, se estancó y serpentéo varios días sobre Oriente. El resultado fue un diluvio histórico: Santiago de Cuba llegó a medir 2.550 mm (100,39 pulgadas), el mayor acumulado registrado en Cuba en un solo evento.

Las cifras de víctimas varían según fuentes, pero los balances académicos y meteorológicos coinciden en que el saldo cubano superó el millar y medio de fallecidos y que la devastación agrícola y de vivienda fue colosal.

Es cierto que en aquel año todavía la Defensa Civil cubana practicamente era inexistente pero, más allá del conteo, lo que importa para hoy es la mecánica: un ciclón lento sobre una orografía abrupta —Sierra Maestra, Sagua-Baracoa— dispara crecidas repentinas y deslizamientos aun con vientos de categoría menor, que llega, como llegó Oscar, a una región desconectada del servicio eléctrico, con habitantes que apenas saben lo que se les viene encima.

Esa es, precisamente, la amenaza que Melissa comparte con Flora: persistencia, descarga hídrica y desconocimiento. Un detalle al que apunta la activista conocida como Lara Crofs, quien asegura vía chat que hay familias en Oriente que ayer llevaban 30 horas sin servicio eléctrico. Según Lara, hay gente que en Oriente se están enterando, poco a poco, vía Facebook, que viene un huracán. Por eso, en sus post pide a sus seguidores que compartan.

En Baracoa, Guantánamo, ya hay inundaciones asociadas a las bandas de alimentación de Melissa.

Solo un detalle: en días pasados, Díaz-Canel estuvo por Baracoa.

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Esas mismas bandas de la tormenta tropical Melissa mantienen actualmente a gran parte de República Dominicana bajo alerta por lluvias torrenciales, crecidas repentinas y deslizamientos, con especial presión sobre el Distrito Nacional y provincias del sur y el este.

El Centro de Operaciones de Emergencias (COE) ha elevado el nivel de aviso (más de una decena en alerta roja y otras en amarilla y verde) ante el deterioro de las condiciones, y reporta viviendas afectadas y desplazados preventivos conforme las bandas de lluvia se estacionan sobre el territorio.

Autoridades dispusieron suspensión de labores y docencia en varias demarcaciones, y la Liga de Béisbol Profesional llegó a cancelar juegos por el temporal. En Santo Domingo ya se observan inundaciones urbanas y afectaciones al tránsito. El pronóstico oficial apunta a 24–36 horas adicionales de lluvias intensas en zonas de riesgo, con acumulados en el rango de 5–10 pulgadas (125–250 mm) y picos mayores en áreas montañosas, lo que eleva el potencial de inundaciones repentinas.

Cuando la estaca del viento parte la ciudad: la vara de Sandy (2012)

Sandy ilustra el otro extremo: el viento. La madrugada del 25 de octubre de 2012, la pared del ojo tocó tierra al oeste de Santiago como huracán categoría 3 (100 kt/115 mph), con marea de tormenta y oleaje que invadieron los litorales. El resultado fue un paisaje de tejas arrancadas y barrios con árboles en el suelo: en la provincia de Santiago más de 130.000 viviendas resultaron dañadas, de ellas más de 15.000 destruidas, con pérdidas nacionales estimadas en alrededor de 2.000 millones de dólares y 11 fallecidos.

¿Por qué “peor que Sandy”, como teme Evelio? Porque un huracán de gran tamaño y lento, incluso sin alcanzar los 115 mph de 2012, puede infligir una suma peligrosa: vientos de huracán + lluvias persistentes durante días. La cadena eléctrica —ya frágil— sufre por ambos frentes; y las viviendas con techos vulnerables, también. Tengamos en cuenta que, según los pronósticos, Melissa podría tocar tierra como un huracán Categoría 4.

El meteorólogo estadounidense Evan Chickvara, del canal ABC 33/40 en Birmingham (Alabama), advirtió en su cuenta de X que “Melissa está en posición de convertirse en el sistema tropical más impactante de la temporada 2025”.

Según su análisis, aunque no se esperan impactos directos sobre Estados Unidos, el Caribe —y en especial Cuba, junto con Jamaica y las islas vecinas— será quien sufra el golpe más fuerte de este probable huracán mayor. Chickvara explicó que el desplazamiento lento de Melissa incrementará el riesgo de lluvias torrenciales e inundaciones antes de que el sistema gire hacia el noreste rumbo a las cercanías de Bermuda, manteniéndose a cientos de millas de la costa este estadounidense.

El parte de ahora: trayectoria, tiempos y bandas

A las 5:00 a.m. EDT del viernes, el NHC situaba a Melissa cerca de 16.0°N 75.5°W, “casi estacionaria”. Los avisos de huracán y tormenta tropical rigen para Jamaica y el suroeste de Haití; el cono mantiene amplia incertidumbre pero coincide en un giro gradual al norte entre sábado y domingo. Para Cuba, eso implica que las bandas externas podrían comenzar a sentirse desde hoy en la tarde/noche en Guantánamo y Santiago (rachas, aguaceros y mar de leva creciente), con el escenario más adverso concentrado entre sábado y domingo si el centro se aproxima a la costa sur-oriental.

Medios internacionales y tableros interactivos coinciden en el mismo guion: crecimiento gradual en un entorno oceánico favorable y potencial de episodio de varios días por la traslación muy lenta. La lección para la población es práctica: no mirar solo la “categoría”, sino la duración de las lluvias.

Flora y Sandy como brújulas emocionales

Evelio, en Bayamo, vivió ambos. De Flora recuerda el barro hasta la cintura y el río convertido en muralla. De Sandy, el rugido y las casas “peladas” al amanecer.

«Hay imágenes que no se olvidan nunca, como las de un vecino tuyo arrastrado por las aguas sin tú poder hacer nada. O acostarte, de noche, viendo X cantidad de cosas y despertarte de día y preguntarte «¿aquí que pasó», porque aquella casa que veías horas antes ya no está,» recuerda con tristeza.

«Tu vas sintiendo el ruido por la noche. Un estruendo. Te suena a derrumbe, pero… ¿qué vasa hacer? ¿Salir? Solo si escuchas un grito. Si tienes valor. Hay quien tiene la mala suerte que yo tuve cuando Sandy me sorprendió. Tenía puesta una bota (yeso inmovilizador) No podía hacer nada. Solo rezar e intentar dormirme.»

Su frase —“Será peor que Sandy y ojalá no tan mortal como Flora”— no es un diagnóstico, es una alerta ciudadana: tomarse en serio a Melissa ahora, cuando todavía hay margen para asegurar techos, llevar medicamentos y papeles a bolsas herméticas, coordinar con vecinos y ubicar los puntos altos del barrio.

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