La ayuda humanitaria enviada por Estados Unidos a los damnificados del huracán Melissa se distribuye en carretas tiradas por bueyes en comunidades rurales de Santiago de Cuba, ante la escasez de combustible.
El gobierno entregó dos casas modulares en La Habana y lo celebró como un logro. En Guantánamo, los que ya recibieron las suyas las están pagando con goteras incluidas.
Washington advirtió a La Habana que no interfiera con el envío de asistencia humanitaria para damnificados del huracán Melissa, canalizada a través de organizaciones no gubernamentales, y en la misma semana la embajada de EE.UU. anunció que el 16 de enero limitaría servicios por un acto oficial que restringe el acceso al edificio. En paralelo, funcionarios cubanos de turismo salieron a tranquilizar a Canadá con el mensaje de que “todo sigue igual”, mientras el debate energético crece. Hay dudas sobre la capacidad de Pemex para sostener el suministro a la isla bajo una presión geopolítica que vuelve a subir.
Mientras Mike Hammer evita adelantar anuncios y presiona para que la ayuda llegue al pueblo, Ignacio Giménez difunde un supuesto “plan de Trump” sin pruebas, reavivando el debate sobre rumores y manipulación.
Dos meses después de Melissa, la Defensa Civil declara “normalidad” en Santiago de Cuba, pero persisten apagones, carencias y familias sin condiciones mínimas, mientras salen a la luz casos de colchones desviados que debían llegar a los damnificados.
La Cruz Roja actualizó su informe sobre el impacto del huracán Melissa en Cuba, detallando daños masivos en viviendas, servicios esenciales y el sistema sanitario. Con 2,2 millones de personas afectadas y un contexto epidemiológico crítico, la respuesta humanitaria avanza pero enfrenta un serio déficit de financiamiento. El operativo, previsto para dos años, prioriza recuperación temprana, acceso al agua, salud y apoyo a las comunidades más vulnerables.
Las autoridades de Guantánamo informaron la recuperación de colchones y otros recursos robados que estaban destinados a familias damnificadas por el huracán Melissa. Los hechos, ocurridos semanas después del evento meteorológico, generaron indignación ciudadana y reavivaron críticas sobre la demora en la entrega de donativos, la burocracia y la posible complicidad interna en el desvío de ayudas esenciales.
Mientras Washington confiscaba un carguero venezolano con petróleo rumbo a Cuba, otro buque de La Guaira atracó sin obstáculos con 27 contenedores de ayuda humanitaria para los damnificados del huracán Melissa. La diferencia no estuvo en la bandera, sino en el tipo de carga: el crudo navega dentro del régimen de sanciones que permite a EE.UU. incautar embarques, mientras que la asistencia post-desastre circula por un corredor humanitario tolerado y vigilado, donde la presión política se modula para no agravar una emergencia.
Tras organizar una campaña para enviar 50 000 libras de lentejas y casi 10 000 de leche en polvo a zonas afectadas por el huracán Melissa, el activista Carlos Lazo asegura que fue nuevamente detenido y sometido a un registro exhaustivo al salir de Cuba. Su relato contrasta con la etapa en que era recibido por Miguel Díaz-Canel y celebrado por la prensa oficial, y apunta a un clima de silencios y recelos en torno a su proyecto Puentes de Amor.