Díaz-Canel confirma conversaciones con EEUU.

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Cuando el propio gobierno que negó termina confirmando, ya no estamos ante una especulación de Miami, ni ante una filtración interesada, ni ante un invento de redes.

Estamos ante la constatación de que Díaz-Canel dijo que no, mientras sí. Y a estas alturas, el problema no es que conversen con Estados Unidos. El problema es que mintieron sobre eso hasta que decidieron que ya les convenía contarlo.

Durante semanas, la versión oficial cubana siempre ha sido una sola: no había conversaciones con Washington. Miguel Díaz-Canel lo dijo de manera explícita el 12 de enero, cuando respondió a declaraciones de Donald Trump asegurando que “no existen conversaciones con el gobierno de EE.UU., salvo contactos técnicos en el ámbito migratorio”. Reuters y AP recogieron entonces la misma idea: La Habana negaba cualquier diálogo político en curso y reducía la relación bilateral a contactos técnicos.

Después vino el segundo movimiento, más fino, más burocrático y también más revelador. El 4 de febrero, el viceministro Carlos Fernández de Cossío ya no habló exactamente de ausencia total de contacto. Lo que dijo fue otra cosa: que no existía una “mesa de negociación” y que sería “un error” afirmar que se estaba diseñando una negociación bilateral, aunque admitió que sí se habían “intercambiado mensajes” con Estados Unidos y que Washington conocía “perfectamente bien” la disposición de Cuba a dialogar. En otras palabras, la negación empezó a encogerse: primero era “no hay conversaciones”; después, “no hay mesa”; luego, “sí ha habido mensajes, pero eso no cuenta como diálogo”.

Entre una declaración y otra, incluso la propia prensa internacional había señalado la contradicción. Reuters reportó el 13 de marzo, antes de la comparecencia del mandatario, que el gobierno cubano seguía negando discusiones oficiales, aunque ya no descartaba canales no públicos o conversaciones indirectas. Es decir, el relato oficial llevaba días intentando sostener una línea cada vez más difícil: decir que no había conversaciones mientras se multiplicaban los indicios de que, por lo menos, sí había contactos políticos de algún nivel.

Y este viernes 13 de marzo la maniobra quedó al descubierto.

Según la información difundida por medios oficiales y reproducida en redes por Lázaro Manuel Alonso, Díaz-Canel confirmó que funcionarios cubanos han mantenido conversaciones con el gobierno de Estados Unidos, que esos intercambios fueron promovidos por Raúl Castro y por él mismo, y que han estado orientados a buscar soluciones a las diferencias por la vía del diálogo. La frase importante no es “Cuba está dispuesta” ni “Cuba quisiera”. La frase importante es otra: han mantenido conversaciones. Ya no en potencial. Ya no como posibilidad. Ya no como deseo. En pasado compuesto y con reconocimiento público.

Lo que queda ahora, no es solo una noticia diplomática, sino una confirmación política de cómo funciona el discurso del régimen: primero niega, luego matiza, después redefine las palabras y finalmente admite lo que antes presentó como falso. No se trataba de un malentendido semántico entre “diálogo”, “mesa”, “mensajes” y “contactos técnicos”. Se trataba de administrar el momento de decir la verdad. La Habana pasó de sostener que no había conversaciones a reconocer que sí las había, y además que venían impulsadas desde arriba, por Raúl y por Díaz-Canel.

¿Se imaginan? ¡Raúl Castro conversando con Marco Rubio! ¡Hoy infartan unas cuántas ciberclarias!

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