La Guiteras falló por duodécima vez este año y Cuba volvió a estallar en la oscuridad. Nuevos cacerolazos en Santiago de Cuba y La Habana por apagones que superan las 24 horas consecutivas
En la oscuridad, con el calor encima y sin saber cuándo vuelve la luz, los cubanos volvieron a sacar las cazuelas. Barrios de Santiago de Cuba y La Habana se llenaron de golpes de utensilios y consignas contra el régimen la noche del sábado. No es la primera vez este año. Tampoco será la última.
Los cacerolazos se reportaron en Cayo Hueso, San Lázaro y Centro Habana, en la capital, y en los repartos Micro 3, El Salao y Los Pinos de Santiago de Cuba, así como en el reparto Mulgoba del municipio Boyeros. La periodista Camila Acosta difundió un video del cacerolazo en Cayo Hueso, mientras los periodistas independientes Yosmany Mayeta Labrada y Mario J. Pentón documentaron las manifestaciones en Santiago y en otros puntos de la capital, con vecinos gritando «Corriente», «Abajo Díaz-Canel» y «Abajo la dictadura» desde balcones y calles a oscuras.
En Micro 3, residentes confirmaron que al menos cuatro edificios llevaban sin electricidad desde el lunes anterior, más de cinco días consecutivos sin servicio. Un residente citado por La Tijera News resumió la situación con una cifra que lo dice todo: recibió electricidad durante 45 minutos después de casi dos días a oscuras. En Centro Habana, otra grabación muestra vecinos en los balcones de un edificio de 12 plantas en la esquina de Zanja y Hospital uniéndose al cacerolazo durante la tarde del mismo día.
El detonante inmediato fue una nueva avería en la termoeléctrica Antonio Guiteras, la mayor unidad de generación eléctrica del país. En lo que va de 2026, la planta ha salido del sistema en 12 ocasiones, acumulando 293 horas fuera de servicio, equivalentes a más de diez días de inactividad en apenas cinco meses. La Unión Eléctrica reportó un déficit de 2,042 megavatios durante el horario pico, con una afectación proyectada de 2,072 MW, suficiente para dejar sin electricidad simultáneamente al 70% del país.
«Las protestas son casi a diario y cada vez más fuertes. Es que la situación es insoportable», declaró el periodista Luis Cino desde La Habana.
Los cacerolazos no son nuevos. En marzo de 2026, tras el colapso casi total del Sistema Eléctrico Nacional, estallaron protestas similares en varios municipios habaneros y en Jagüey Grande, Matanzas. En aquella ocasión, como en esta, el régimen no ofreció ninguna respuesta oficial. La combinación de apagones de más de 24 horas, escasez de combustible, deterioro acelerado de las termoeléctricas y ausencia total de inversiones configura una crisis que, lejos de mejorar, se profundiza mes a mes.
Las manifestaciones han resonado también fuera de la isla. En Argentina, cubanos en el exterior marcharon en solidaridad exigiendo el fin de la represión y la libertad de más de 1,000 presos políticos que permanecen encarcelados en Cuba, entre ellos menores de edad. Usuarios en redes sociales dentro de la isla describieron el ambiente como de hartazgo acumulado: no es solo la falta de luz, sino la certeza de que nadie en el gobierno tiene ni el plan ni la voluntad de resolver nada.
Mientras los cubanos protestan en la penumbra, la conversación en redes sociales se divide entre quienes responsabilizan a las sanciones estadounidenses del colapso energético y quienes señalan directamente al modelo económico del régimen como causa estructural de décadas. La discusión es legítima, pero irrelevante para quien lleva cinco días sin corriente en Micro 3 o para quien recibió 45 minutos de luz después de dos días a oscuras en Cayo Hueso. En Cuba, los que protestan no tienen el lujo del debate ideológico: solo quieren que vuelva la luz.



















