¿Contribuyen a la represión los periodistas cubanos?

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La respuesta que le enviara la ex periodista de TeleBandera, Bárbara Miranda al influencer Alex Otaola, con relación al señalamiento hecho por este en su programa, abre otra línea de debate con relación al papel que juegan en la isla los periodistas cubanos oficialistas, y es esta:

¿Consideraría Ud. que los periodistas cubanos oficialistas forman parte, con su trabajo, de la labor represiva del gobierno? ¿Todos no y algunos sí? ¿Cómo y de qué manera?

Pongamos las cosas en contexto y ejemplifiquemos luego con un ejemplo.

El influencer Alex Otaola habló en uno de sus últimos shows sobre la reciente llegada de la locutora cardenense Bárbara Miranda Folch a Miami. En el programa, Otaola se refirió a la llegada de ella a esa ciudad y dio inicio – tal vez sin proponérselo – a un debate interesante.

Dijo el influencer, que la locutora decidió justificar los encarcelamientos que ocurrieron a raíz de los hechos acontecidos a lo largo de todo el archipiélago, cuando el pueblo cubano se lanzó a las calles; y dijo también que la comunicadora estaba buscando trabajo en emisoras de radio de la ciudad de Miami.

La ex periodista oficialista le contestó al influencer en un largo post en su perfil de Facebook, que luego «desapareció», presuntamente tras cerrar su cuenta.

En su respuesta, la ex periodista oficialista reclamaba del influencer un derecho a réplica, al considerar que sus declaraciones no se ajustan a la verdad.

“Entiendo que todo se debe a que el referido presentador está mal informado, en este caso no mostró rigor en su trabajo. Por mi parte, exijo, porque merezco, derecho a réplica por alusiones falsas”,.

expresó

En el texto explicaba que sí había decidido vivir en Estados Unidos, y que su decisión era absolutamente personal y en busca de crecimiento, en un ambiente de libertades.

De igual manera, la locutora oficialista defendió su postura expresando:

“En ningún caso mi carrera estuvo ligada a posturas políticas, yo soy resultado de mi entorno. Jamás formé parte de grupo represivo alguno, jamás apoyé en público o en privado, ninguna acción represiva en Cuba”.

Su “Declaración de principios” contiene detalles interesantes que, en caso de que el influencer le otorgue derecho a réplica ella deberá responder sin circunloquios.

Deberá reconocer que, la «falta de rigor» de este lado de la noticia – entiéndase los periodistas cubanos o extranjeros radicados fuera de Cuba – e incluso los independientes y hasta los «dependientes» del gobierno -, está dada no pocas veces por un hecho jamás cuestionado presuntamente por ella en la isla: que el gobierno cubano mantiene un fèrreo control sobre los medios de información y la mayoría de las veces es dificil contrastar la información. En su réplica, tendrá oportunidad para reconocerlo.

Deberá reconocer que la «falta de rigor» está provocada también porque las fuentes en Cuba tienen miedo hablar debido al terror y el miedo impuesto por el gobierno, que multa hasta con miles de pesos a personas que postean determinada foto o video, o comentario, en las redes sociales.

Peor aún: el gobierno cubano ha encarcelado y la Fiscalía ha acusado con años de cárcel a personas que tomaron fotos y filmaron videos en las protestas del 11 de julio.

Su derecho a réplica se sustenta en un derecho a la libertad de expresión que existe en los EE.UU. En Cuba ese derecho no está refrendado en la realidad, y luce como letra muerta en la Constitución.

Ahora bien, ¿considera Ud. que la labor de Bárbara en Cuba y la de cientos de periodistas cubanos oficialistas que a menudo exaltan y magnifican los presuntos logros políticos y sociales del socialismo cubano, los hace meritorios de ser calificados como – digamos – «represores de cuello blanco»? ¿Este calificativo aplicaría solo para los locutores como Rafael Serrano, por ejemplo? ¿Cualquier periodista que a través de la radio, la televisión, o la prensa escrita contribuye con su salario o silencio tácito al status quo del gobierno, merece ser castigado?

La pregunta está abierta a debate. Y repito, es interesante porque, en el año 2020, la actriz cubana Susana Pérez prestó su voz para un spot de la campaña de Donald Trump y desde la isla recibió los más descabellados y ofensivos epítetos.

Incluso en Miami fue fuertemente cuestionada por voces «demócratas», cuando en realidad Susana Pérez solo hizo un trabajo, por el cual fue remunerada.

¿Los locutores y periodistas en Cuba pudieran argumentar lo mismo? ¿Puede, por ejemplo, Rafael Serrano argumentar que él solo leía las noticias que les daban a leer? ¿Y los tonos exaltados? ¿Los golpes que se daba en el pecho?

Otro debate abierto para Uds. Esperamos sus respuestas.

Tal vez quieras responder a este otro debate: Remesas a Cuba: ¿»Mercenarios» buenos y malos?

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