Cubanos residentes en Pinar del Río debatían este martes en redes sociales a raíz de una denuncia publicada por la página NiO Reportando un Crimen sobre el asalto a un menor de 14 años en la vía pública del consejo urbano de San Luis.
Según el post, el hecho habría ocurrido “en la madrugada” y los presuntos implicados serían dos jóvenes —una adolescente y un hombre de 20 años, presentados como pareja— que habrían despojado al menor de sus zapatillas y de una suma de dinero mediante fuerza física. La publicación afirmó además que parte de los objetos sustraídos habría sido recuperada, sin aportar, por el momento, detalles verificables sobre cómo ocurrió esa recuperación o en qué estado se encuentra la investigación.
El texto adelantó que la denuncia sería acompañada por fotografías de las personas señaladas “con fines informativos y de alerta comunitaria”, un elemento que activó un debate paralelo. Varios usuarios pidieron tacto por el riesgo de exposición, sobre todo cuando en el caso hay menores de edad, y advirtieron que una difusión sin resguardos podría provocar represalias contra el adolescente o su familia. Otros, en cambio, defendieron la utilidad de alertar a la comunidad y reclamaron respuestas rápidas y sanciones severas, con un tono de hartazgo que atravesó casi todo el hilo.
La conversación derivó pronto del caso puntual al clima social. Una parte de los comentarios conectó el episodio con el deterioro material y la pobreza; otra insistió en la responsabilidad familiar y repitió la misma pregunta: qué hacía un menor de 14 años en la calle a esas horas y, además, con dinero. También aparecieron mensajes de alarma por la frecuencia de reportes en la provincia y llamados a extremar la precaución para evitar que un robo termine en tragedia.
En meses recientes, vecinos pinareños han denunciado alzas de robos y sensación de abandono institucional, en un contexto de crisis económica que agrava la inseguridad.
Hasta el momento, la denuncia no estaba acompañada por un parte oficial público que confirmara o ampliara los hechos. En un país donde la información policial suele circular de forma limitada, ese vacío empuja a la ciudadanía a buscar datos en redes y a convertir reportes locales en un termómetro de seguridad. El episodio, en ese sentido, terminó funcionando como algo más que un robo: como señal de una calle más tensa y de una comunidad discutiendo, a falta de certezas, cómo proteger a sus menores.

















