El Banco Central de Cuba asegura que continúa aumentando la distribución de los nuevos billetes de 2.000 y 5.000 pesos en las sucursales del país, pero el anuncio ha provocado una reacción mucho menos entusiasta entre numerosos cubanos, que señalan que el principal problema no es el diseño o la denominación del dinero, sino conseguir efectivo.
Los nuevos billetes comenzaron a circular gradualmente desde el 1 de abril de 2026, inicialmente en La Habana y posteriormente en otras provincias. El Banco Central explicó entonces que las denominaciones más altas facilitarían las operaciones y disminuirían el volumen físico de billetes necesario para realizar pagos en una economía afectada por una fuerte pérdida de poder adquisitivo de la moneda nacional.
Hasta ese momento, el billete de mayor denominación ampliamente utilizado era el de 1.000 pesos. En las condiciones actuales de precios, esa cantidad puede resultar insuficiente incluso para determinadas compras cotidianas, lo que obligaba a clientes, comerciantes y bancos a manejar grandes fajos de dinero.
La introducción de billetes de 2.000 y 5.000 pesos intenta solucionar ese problema logístico, pero no resuelve otra dificultad que se ha vuelto habitual: la falta de efectivo disponible en bancos y cajeros automáticos.
Durante los últimos años se han multiplicado en Cuba las quejas de personas que poseen dinero en sus cuentas pero deben recorrer varias sucursales o cajeros para retirarlo. En determinados lugares se han establecido límites de extracción debido precisamente a la poca disponibilidad de papel moneda.
El problema tiene varias causas. Por un lado, una parte considerable del efectivo que circula en la economía no regresa rápidamente al sistema bancario. La expansión del comercio informal y privado, la desconfianza de algunos ciudadanos en mantener sus ahorros depositados y las dificultades para pagar electrónicamente en ciertos establecimientos han aumentado la demanda de dinero físico.
Por otro lado, el gobierno ha impulsado desde 2023 un proceso de «bancarización» dirigido a trasladar una mayor cantidad de operaciones hacia tarjetas, transferencias y plataformas como Transfermóvil y EnZona. Sin embargo, la infraestructura tecnológica, los apagones, los problemas de conectividad y la resistencia de algunos negocios a aceptar pagos electrónicos han impedido que el efectivo pierda su importancia.
La aparición de las nuevas denominaciones también constituye un reflejo indirecto de la inflación acumulada. Un billete de 5.000 pesos habría resultado extraordinariamente elevado años atrás; actualmente equivale al costo de una cantidad mucho más reducida de bienes y servicios.
Por eso, buena parte de la reacción pública al anuncio del Banco Central se ha concentrado en una contradicción sencilla: existen billetes nuevos, pero eso no significa necesariamente que estén disponibles cuando un cliente acude a retirar su propio dinero.
Para el sistema bancario, las denominaciones superiores pueden reducir costos de transporte, almacenamiento y procesamiento. Para un ciudadano que lleva horas intentando encontrar un cajero con dinero, en cambio, el problema sigue siendo mucho más básico: primero tiene que conseguir los billetes.
Fuentes: Banco Central de Cuba, Associated Press y análisis sobre la crisis de efectivo.





