Productores jamaicanos reclaman ser dueños del ritmo de todo el reggaetón y un juez acaba de darles una vida extra

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Todo el reggaetón cabe en un compás: bum-ch-bum-chick. Y dos productores jamaicanos aseguran que ese compás es suyo. Un juez federal acaba de decidir que la pregunta más cara de la música latina la responderá un jurado.

La demanda fue presentada por Cleveland «Clevie» Browne y la herencia del fallecido Wycliffe «Steely» Johnson, quienes alegan que el ritmo característico del reggaetón —el dembow— se originó en su instrumental de 1989 «Fish Market», incorporado después al clásico «Dem Bow» de Shabba Ranks y, desde ahí, a la base rítmica de prácticamente todo el género durante tres décadas.

El juez federal André Birotte Jr. determinó que sería prematuro decidir antes de que se desarrolle por completo el registro fáctico del caso, según reportó Billboard. Traducción: el litigio sigue, y las preguntas de fondo las responderá un jurado.

La lista de demandados supera el centenar e incluye a Bad Bunny, Karol G y Daddy Yankee, además de productores, editoriales y sellos. Entre las canciones señaladas figuran gigantes como «Despacito» y «Tití Me Preguntó». Los daños potenciales se estiman en cientos de millones de dólares.

Los abogados de los artistas sostienen que los demandantes intentan adueñarse de un estilo musical completo, no proteger una obra concreta, algo que la ley de derechos de autor no ampara. Expertos citados en la cobertura del caso advierten que un fallo favorable a Steely & Clevie equivaldría a otorgar un monopolio sobre un género entero, sin precedentes en la historia de la música.

La próxima fase se centrará en determinar si los más de 150 demandados tuvieron acceso a «Fish Market» y si efectivamente lo copiaron en sus producciones. No es un detalle menor: de esa prueba depende que el caso avance hacia un veredicto que podría redefinir cómo se aplica el derecho de autor a los elementos fundamentales de la música.

Para un género que factura miles de millones y domina las listas globales, el mensaje del juzgado es incómodo: el reggaetón entero está, literalmente, a juicio. Y el compás que hace bailar al planeta tiene ahora cita con un jurado en California.

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