El jueves dejó dos gigantes europeos en el camino y un cruce de lujo para octavos. Portugal sufrió hasta el último segundo para eliminar a Croacia, España pasó por encima de Austria sin despeinarse, Suiza avanzó con oficio de relojero, y el destino armó el partido que todos querían: Ronaldo contra Lamine Yamal.
El penal de Ronaldo y el adiós más cruel para Modric
En el BMO Field de Toronto, Croacia golpeó primero: Ivan Perišić, reconvertido en lateral, revivió al delantero que fue y definió cruzado al minuto 53 para el 1-0. Portugal, perdido durante una hora, se agarró de su eterno número 7. Al 68, tras revisión del VAR por un agarrón de Nikola Vlašić sobre Renato Veiga, Cristiano Ronaldo cruzó el penal ante Livaković y firmó el 1-1, su primer gol oficial en una ronda eliminatoria de Copas del Mundo, a los 41 años.
Cinco minutos antes, al propio Ronaldo le habían anulado un golazo por una posición adelantada milimétrica. Y cuando la prórroga parecía inevitable, apareció el hombre del descuento: Gonçalo Ramos, que había entrado en un cuádruple cambio, cabeceó un centro de Leão y puso el 2-1 en el minuto 90+3.
Pero faltaba el capítulo más cruel de la era del videoarbitraje. Con trece minutos de descuento ya consumidos, Croacia empujó la pelota a la red para el 2-2 que mandaba todo a la prórroga: Igor Matanović rozó con un pelo un centro al área, Mario Pašalić apareció por detrás y asistió a Joško Gvardiol, que empujó a placer. El estadio croata estalló de alegría durante unos segundos, hasta que el árbitro noruego Espen Eskås anuló el tanto por un fuera de juego de Pašalić confirmado por el VAR. ¿Cómo? El famoso sensor que tiene la pelota detectó que hubo «un golpe» con «la cabeza» de Matanović.
La reacción fue inmediata: decenas de botellas volaron al césped y el partido terminó entre protestas. Del otro lado, Ronaldo avanza a octavos en su sexto Mundial; Luka Modrić, a sus 40 años, se despidió para siempre de la cita mundialista con la amargura de un empate que le robaron en la pantalla.
Lamine Yamal conquistó Hollywood sin marcar
En el SoFi Stadium de Los Ángeles, España fue otra cosa: un 3-0 cómodo a Austria con doblete de Mikel Oyarzabal (36 y 89) —que ya suma cuatro goles en el torneo— y el primer tanto de Pedro Porro con la absoluta (66). Pero el espectáculo tuvo un solo nombre: Lamine Yamal.
El extremo de 18 años se llevó el trofeo de mejor jugador sin necesidad de marcar. Le anularon un gol que nadie en el estadio entendió, David Alaba le sacó otro sobre la línea, y por si fuera poco convirtió al lateral Konrad Laimer en su juguete: lo humilló con una ráfaga de caños en la primera mitad, tres en 34 minutos, tantos que el técnico Ralf Rangnick tuvo que sacarlo del costado y esconderlo en el mediocampo tras el descanso.
«Es uno de los mayores talentos que hemos visto a esta edad», reconoció el propio Rangnick, resignado.
Suiza, la favorita que nadie nombra
Mientras las estrellas acaparaban los focos, Suiza hizo lo suyo en silencio en el BC Place de Vancouver: un 2-0 a Argelia con la frialdad de un reloj de su país. Breel Embolo abrió al minuto 10 tras una gran jugada individual de Johan Manzambi, una de las revelaciones del torneo, y Dan Ndoye sentenció al 46, un golpe al inicio de cada tiempo.
Argelia trajo a Riyad Mahrez de capitán y a Luca Zidane —hijo de Zinedine— bajo los tres palos, pero nunca inquietó al portero Gregor Kobel. La Nati avanza a octavos sin haber recibido un solo gol en la eliminatoria y con un Embolo en estado de gracia, que ya suma cinco tantos en el Mundial. Esperará al ganador de Colombia-Ghana.
España-Portugal: el cruce que sabe a gloria
Los triunfos de los dos grandes armaron el plato fuerte de los octavos: España contra Portugal el lunes, la reedición de aquel cruce de Sudáfrica 2010 que los españoles ganaron camino a su primera y única estrella. Será Lamine Yamal, la joya de 18 años, frente a Cristiano Ronaldo, la leyenda de 41, en un duelo generacional que resume dos maneras de entender el fútbol.
Un penal que estiró la leyenda de Ronaldo, un VAR que hundió a Croacia, un adolescente que dejó a Austria mareada y una Suiza que sigue avanzando de puntillas. El Mundial entra en su fase más caliente, y ya tiene su primer clásico.

















