Estaban recostados viendo televisión cuando el mundo se les vino encima en menos de 30 segundos. Atrapados en la oscuridad y sin señal de celular, Francisco Soto y Deomaris Mata tomaron el teléfono para lo único que creían que serviría: despedirse.
Unas cuatro horas después del derrumbe, convencidos de que no saldrían con vida, la pareja grabó el mensaje que luego daría la vuelta al mundo. «No estamos tratando de desesperarnos. El edificio se vino abajo y aún sentimos las réplicas. Tenemos mucho miedo, pero queremos vivir», dice Francisco en la grabación, según recogió La Nación.
Deomaris lo interrumpe con la frase que quiebra a cualquiera: «Dile que cuiden a mi hijo, vida. Cuiden a mi hijo si consiguen este teléfono». Y cuando la respiración de Francisco se agita, ella misma lo levanta: «Mi amor, vamos a vivir, ¿oíste?».
Francisco quedó inmovilizado entre dos muros; debajo de él, Deomaris tenía una pared sobre las piernas. Se abrazaron mientras el edificio colapsaba y pasaron la noche turnándose para consolarse, sosteniendo la esperanza de salir juntos.
El rescate llegó al amanecer del 25 de junio, y no lo hicieron los organismos del Estado: fueron civiles sin herramientas profesionales quienes excavaron hasta alcanzarlos. Sacaron primero a Francisco; liberar a Deomaris tomó cuatro horas más. «Son unos ángeles para nosotros. No nos alcanza la vida para agradecerles», declaró él después.
Pero la historia no termina en el abrazo. Tras el rescate, la pareja denunció el abandono oficial: «En nuestro edificio siguen buscando vecinos, llegan personas a saquear los pocos recursos materiales que quedaron», relataron, señalando que no se veía esfuerzo estatal por ayudar a los atrapados.
El video, compartido por la hija de Francisco como agradecimiento a los rescatistas espontáneos, se volvió viral y convirtió a la pareja en símbolo de un patrón que se repite en toda la zona del desastre: la supervivencia dependió más de los vecinos que del régimen de Maduro. «Hay que tener más empatía. No saben lo que está pasando la gente», concluyó Francisco, en un país donde el balance oficial ya supera los 2.295 muertos.

















