Cubanos reaccionan a los siete cargos que desde la Florida le impusieron a Raúl Castro

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Lloraron, rezaron y sacaron fotos de los cuatro muertos: así reaccionó Miami cuando supo que Raúl Castro tenía siete cargos en Florida.

Treinta años después del derribo, EE.UU. imputó a Raúl Castro y el Versailles explotó. La Habana la califica de maniobra política sin fundamento legal

El 24 de febrero de 1996, dos avionetas de Hermanos al Rescate fueron derribadas sobre el Estrecho de la Florida por cazas militares cubanos. Murieron cuatro personas. Tres eran ciudadanos estadounidenses. Treinta años después, el 20 de mayo de 2026, el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó siete cargos contra Raúl Castro, exlíder cubano de 94 años, en una corte federal de Florida. El Café Versailles lo supo antes de que se secara la tinta.

Los siete cargos y la frase del fiscal que nadie en Miami pasó por alto

El fiscal general interino de Estados Unidos, Todd Blanche, anunció la imputación con una frase que resonó de manera particular en la comunidad cubanoamericana: el presidente Trump «no olvidará a sus ciudadanos.»

Los cargos incluyen conspiración para matar a nacionales estadounidenses y delitos relacionados con la destrucción de aeronaves civiles. El indictment fue develado en una corte federal de Florida y señala a Castro junto a cinco coimplicados por su papel en la orden militar que el 24 de febrero de 1996 mandó a los cazas MiG-29 de la Fuerza Aérea Cubana a derribar las avionetas Cessna de la organización Hermanos al Rescate sobre aguas internacionales.

Las cuatro víctimas fueron Carlos Costa, Mario de la Peña, Pablo Morales y Armando Alejandre Jr. Los tres primeros eran ciudadanos estadounidenses de origen cubano. Sus familias llevan tres décadas esperando este momento.

Blanche también dijo que esperan que Castro se presente en Estados Unidos «por voluntad propia o de otra forma.» En el contexto regional reciente, esa frase tiene un peso específico: es el mismo lenguaje que se usó en los meses previos a la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026.

El Café Versailles: donde Miami celebra lo que Cuba llora en silencio

No hace falta ir muy lejos para tomar el pulso de la comunidad cubanoamericana ante una noticia como esta. El Café Versailles, en la Calle Ocho de Miami, es el termómetro más viejo y más confiable que existe para medir el estado de ánimo del exilio cubano.

La noche del 20 de mayo, el Versailles estaba lleno. Según las imágenes recogidas por WPLG Local 10 y N+ Univision, los asistentes expresaron una mezcla de alivio, euforia y emoción contenida que llevaba décadas acumulándose. Algunos portaban pancartas con los rostros de los cuatro pilotos muertos en 1996. Otros simplemente lloraban.

Para muchos de los presentes, la imputación no es solo un acto judicial. Es la confirmación de que lo que el régimen cubano hizo aquel febrero tiene nombre, apellido y ahora también tiene un expediente en una corte federal.

La celebración coincidió con el 124 aniversario de la República de Cuba, un detalle que no escapa a nadie que conozca la historia del exilio. El 20 de mayo no es una fecha cualquiera en el calendario cubano. Y que la imputación de Raúl Castro se anunciara exactamente ese día fue interpretado por muchos en el Versailles como algo que va más allá de la casualidad.

Las familias de los cuatro pilotos: treinta años de espera en una sola noche

Las familias de Carlos Costa, Mario de la Peña, Pablo Morales y Armando Alejandre Jr. no han pasado estos treinta años en silencio. Han testificado ante el Congreso, han presionado a administraciones de ambos partidos y han mantenido viva la memoria de los suyos en una comunidad que, generación tras generación, ha sabido quiénes eran esos cuatro hombres y qué les hicieron.

Las imágenes recogidas por N+ Univision en Miami muestran a familiares de las víctimas reaccionando con una emoción que no necesita traducción. Algunos habían llegado ese día a la misa del 20 de mayo en la Ermita de la Caridad del Cobre. Horas después estaban frente a las cámaras procesando una noticia que durante décadas pareció imposible. Otros se fueron hasta la Torre de la Libertad.

Los congresistas en Washington: «Sus días están contados. Que mire a Maduro

Mientras Miami celebraba en el Versailles y en la Torre de la Libertad, en Washington los legisladores cubanoamericanos se agolpaban frente a las cámaras. No era un día cualquiera para ninguno de ellos.

María Elvira Salazar fue la más directa. «Todos los Castro tienen que irse», dijo en rueda de prensa ante NTN24. Y luego fue más lejos: «Si se quedan y llegan las fuerzas de la democracia, no vamos a tener la misma misericordia que estamos teniendo con usted ahora mismo. Por eso, mire a Maduro.»

Salazar lleva años pidiendo esta imputación. La tiene, y con ella viene la advertencia: tras Venezuela caerá Cuba y después Nicaragua. Lo dijo sin rodeos.

Carlos Jiménez, también legislador por Florida, respondió cuando le preguntaron si prefería ver a Raúl Castro en la cárcel o en el exilio. «Lo que yo deseo es que se quede toda su vida en la cárcel», dijo. Pero añadió que si el exilio es lo mejor para el pueblo cubano, se lo tendría que tragar.

Mario Díaz-Balart aportó el dato histórico que cambia la dimensión del caso. El fiscal federal de Miami comenzó a preparar una imputación contra Raúl Castro poco después del derribo, en 1996. La administración Clinton la metió en un cajón. También había otra imputación por narcotráfico contra los hermanos Castro, igualmente frenada desde la Casa Blanca. «El asesinato no prescribe», recordó Díaz-Balart. «No hay estatuto de limitaciones para el homicidio. Por eso seguimos insistiendo.»

Díaz-Balart también reveló que hay pruebas que no aparecen en el texto del indictment pero que podrían presentarse en juicio: grabaciones de audio y un artículo en el que el propio Fidel Castro menciona que fue Raúl quien dio la orden directa de derribar las avionetas. Los cargos, subrayó, son más graves que los que enfrentaron Noriega o Maduro. Aquellos eran por narcotráfico. Estos son por asesinato premeditado.

Cuando le preguntaron si EE.UU. sabe dónde está Raúl Castro en este momento, Díaz-Balart respondió sin dudar: sí. Y cuando le preguntaron si lo extraditan, dijo que Trump «ha sido un hombre de acción» y que si fuera Raúl Castro, estaría «buscando un lugar seguro para salir de Cuba cuanto antes, porque sus días están contados.»

Byron Donalds, congresista republicano, cerró la comparecencia mirando hacia adelante: Florida está lista para colaborar con cualquier gobierno democrático que surja en Cuba libre, revisar los contratos de inversión extranjera y construir desde cero un sistema judicial y de seguridad que funcione para el pueblo cubano.

Rick Scott y Mario Díaz-Balart completaron el coro de legisladores que calificaron el día como histórico. La primera acción penal contra un oficial del régimen cubano en casi 70 años, presentada el Día de la Independencia de Cuba, en una corte federal de Florida.

Trump, Rubio y el ángulo político que La Habana no puede ignorar

Donald Trump calificó a Cuba de «país fallido» al ser consultado sobre la imputación. Añadió que no ve necesaria ninguna escalada militar porque «ese lugar se cae a pedazos.» Es el mismo Trump que semanas antes había dicho que estaba dispuesto a ayudar a Cuba sin condición de cambio de régimen y que cuya administración negoció en secreto con funcionarios cubanos a través de la CIA.

Marco Rubio, secretario de Estado e hijo de exiliados cubanos, fue más específico. Señaló que Cuba está «controlada por GAESA», el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas que según Axios maneja cerca del 70% de la economía de la isla. No es un dato nuevo, pero que el secretario de Estado lo diga en el mismo día en que se imputa a Raúl Castro le da una dimensión política que trasciende lo judicial.

El timing del anuncio no pasa desapercibido para ningún analista. El 20 de mayo es el Día de la Independencia de Cuba. La imputación de Raúl Castro en esa fecha, en una corte de Florida, en el estado donde Trump obtiene sus mayores márgenes de victoria en la comunidad cubanoamericana, es un mensaje electoral y simbólico al mismo tiempo.

El corresponsal de CNN en La Habana, Patrick Oppmann, señaló que Raúl Castro sigue siendo una figura de poder real en la política cubana a pesar de su retiro oficial. Eso hace que los cargos no sean solo históricos: afectan a alguien que todavía tiene influencia sobre el sistema que gobierna la isla.

La Habana responde: «maniobra política sin fundamento legal»

El régimen cubano no tardó. Miguel Díaz-Canel calificó la acusación de «una maniobra política desprovista de cualquier fundamento legal», diseñada, según él, para engrosar un expediente que justifique acciones militares contra la isla.

La embajada cubana en Washington fue más directa: todo es «farsa, embuste y fabricación de mentiras.» El canciller Bruno Rodríguez describió la acusación como parte de un «libreto mendaz» que busca justificar la agresión estadounidense.

Es la respuesta de siempre: descalificar al mensajero sin tocar el mensaje. El régimen lleva décadas usando esa estrategia con éxito variable. Lo que no ha podido hacer es explicar por qué sus cazas militares derribaron avionetas civiles desarmadas sobre aguas internacionales y por qué ningún responsable ha rendido cuentas en treinta años.

La respuesta cubana también apuntó al contexto del USS Nimitz, que llegó al Caribe el mismo día de la imputación, y a la resolución de senadores demócratas para bloquear el uso del ejército contra Cuba. Díaz-Canel intentó presentar ambas cosas como parte de un mismo plan de agresión. Que los propios demócratas estén frenando a Trump en el Congreso complica esa narrativa.

La división que la imputación no crea sino revela

La reacción no fue uniforme, ni dentro de la comunidad cubanoamericana ni entre los cubanos de la isla. Según las imágenes recogidas por N+ Univision y Noticias Telemundo, también hubo cubanos que expresaron escepticismo sobre el impacto real de la imputación y preocupación de que pudiera aumentar las tensiones y traducirse en más represión dentro de la isla.

En Cuba, sectores de la población rechazaron lo que describieron como «intervención extranjera» y defendieron la soberanía nacional. Ese discurso, que el régimen cultiva con décadas de práctica, tiene arraigo real en una parte de la población que ha sido educada desde niña en la narrativa del cerco imperialista.

La división entre el Miami que celebra y el sector de la isla que rechaza no es nueva. Es la misma fractura que existe desde 1959 y que cada acontecimiento de este tipo vuelve a iluminar. Lo que varía con los años es la proporción: cada vez más cubanos dentro de la isla, hastiados de apagones y escasez, ven las noticias de Miami con una simpatía que antes no tenían.

Que la acusación contra Raúl Castro haya llegado el mismo día en que se cumplen 124 años de la República, mientras el USS Nimitz navega en el Caribe y el tanquero ruso Universal da vueltas en el Atlántico sin poder llegar a Cuba, dice algo sobre el momento histórico que está viviendo la isla.

Raúl Castro tiene 94 años. El expediente en su contra tiene ahora siete cargos en una corte federal de Florida. Y las familias de Carlos Costa, Mario de la Peña, Pablo Morales y Armando Alejandre Jr. llevan treinta años sabiendo lo que el mundo acaba de confirmar por escrito.

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