Cuba cerró esta semana con un récord que nadie querría ostentar: 1.260 presos políticos, la cifra más alta de su historia según datos documentados por organizaciones de derechos humanos citados por El Nuevo Herald y Yahoo. El número no es una abstracción: detrás de cada uno de esos casos hay una persona encarcelada por protestar, por publicar en redes sociales, por cantar una canción o simplemente por decir en voz alta lo que piensa.
El caso que concentró mayor atención esta semana fue el de tres mujeres de Palmarito de Cauto, en la provincia de Santiago de Cuba, que participaron en una protesta pacífica exigiendo electricidad y ahora enfrentan peticiones de penas de hasta 13 años de prisión. Según reportaron Martí Noticias, DIARIO DE CUBA y 14yMedio, el régimen aplicó los delitos de mayor pena disponibles en el código penal para intentar convertir a estas mujeres en un mensaje de terror hacia el resto de la población. La cifra —13 años por pedir luz— se volvió viral en redes sociales y generó una ola de condena internacional.
El contraste con un video que circuló simultáneamente no pudo ser más elocuente: Periódico Cubano publicó las imágenes de una niña de apenas 3 años golpeando cacerolas frente a su casa durante uno de los apagones masivos, al ritmo de las protestas vecinales. La pequeña, ajena al significado político de su gesto, resumió en segundos lo que miles de adultos no pueden decir sin arriesgar su libertad.
La ola represiva no discrimina. El opositor Javier Ernesto Martín Gutiérrez, conocido como «Spiderman», denunció desde la prisión de Villa Marista en una carta filtrada que fue sometido a una golpiza brutal durante su arresto. El senador estadounidense Rick Scott hizo eco de esa denuncia en declaraciones recogidas por CiberCuba, exigiendo que el gobierno de Washington tome nota de las torturas que documentan organizaciones de derechos humanos. La hija de otro detenido, preso en el centro conocido como «Alcatraz de los Caimanes», reveló a Univision que su padre permanecía encadenado hasta 23 horas al día.
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Dos figuras emblemáticas del movimiento artístico y disidente cubano, Maykel Osorbo y Luis Manuel Otero Alcántara, recibieron esta semana un ultimátum del régimen según DIARIO DE CUBA: emigrar o cumplir condena hasta 2030. La mecánica es conocida: el Estado libera a los opositores a condición de que abandonen el país para siempre, vaciando a Cuba de sus voces críticas más visibles sin tener que asumir el costo político de mantenerlos encarcelados indefinidamente.
Sissi Abascal, expresamente política que llegó a Miami esta semana tras su excarcelación, describió en declaraciones a CiberCuba el mecanismo con precisión: el gobierno condiciona la libertad a la salida definitiva del país. Su testimonio coincide con el patrón documentado por organizaciones como Prisoners Defenders y el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, que han convertido en datos lo que durante décadas fue solo testimonio individual.
Fuentes: El Nuevo Herald, Yahoo, Martí Noticias, DIARIO DE CUBA, 14yMedio, Univision.


















