Informaciones recientes confirman un cambio drástico en la política exterior de Estados Unidos hacia Cuba. Tras años de parálisis diplomática, la administración estadounidense ha pasado de la búsqueda de un «deshielo» a la formulación de un ultimátum directo ante lo que consideran una economía en «caída libre».
De acuerdo al medio Axios una delegación estadounidense viajó a La Habana para ponerle las cartas sobre la mesa al régimen cubano con el objetivo de que hagan cambios radicales o asuman las consecuencias del anquilosamiento político.
La interlocución fue directa con la familia Castro: Las recientes conversaciones en La Habana no se han llevado a cabo con figuras del aparato estatal formal, sino con el círculo íntimo de Raúl Castro, destacando la presencia de su nieto, Raúl Guillermo Rodríguez Castro (“El Cangrejo”), como portavoz de facto, dijo Axios.
Washington exige la liberación inmediata de los preso políticos, elecciones libres así como pidió la apertura de internet sin restricciones, con Starlink. Igualmente se exigió las compensaciones por propiedades confiscadas desde 1959.
En este contexto Díaz-Canel ha hecho llamados a la resistencia armada y al combate, asegurando que el país está preparado para «lo peor», a través de la llamada “ guerra de todo el pueblo”.
Horas después de divulgarse esta noticia Donald Trump prometió un «nuevo amanecer» para Cuba, sugiriendo que el tiempo de las reformas voluntarias se está agotando y que Estados Unidos no permitirá que la crisis en la Isla se convierta en una amenaza mayor para su seguridad nacional.




















