La frase con la que el trovador Silvio Rodríguez encendió las redes hace menos de 48 hrs –«Exijo mi AKM, si se lanzan. Y conste que lo digo muy en serio»– no fue una boutade aislada. A sus 78 años y apartado de los grandes escenarios, el fundador de la Nueva Trova eligió su blog para jactarse de que, de producirse una invasión estadounidense, no dudará en coger un fusil.
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Nadie duda que lo haga e incluso, se le reconoce el mérito de ser fiel a una mística y una época que le corresponde. Incluso, además, tiene el peso del antiimperialismo que siempre ha cargado sobre sus hombros. Por si fuera poco, estuvo en el llamado Servicio Militar y algún que otro tiro disparó en su época.
Sin embargo, justo detrás de ese salto, han aparecido un grupo de «artistas», que practicando el «artistaje» se han sumado al espiritu de inmolarse en nombre de la miseria. La crisis que agobia al país —apagones, inflación y protestas— otorga al gesto, sí, un aire de irrealidad. Pero lo que realmente llama la atención ha sido la cadena de respuestas de estas personas que orbitan el aparato cultural y mediático del régimen, algunas de ellas sin carrera artística reconocible o con muy poco de qué presumir instrumentos en mano.
Dejo a un lado a Israel Rojas y a Arnaldo «Talismán» Rodríguez, por obvias razones. El listado que sigue a continuación, sí que merece «un fusil».
Coro belicista y «artistaje» oficialista
El «primero» en sumarse al llamado fue el presentador del espacio propagandístico Con Filo, Michel Torres Corona, quien desde su perfil en Facebook prometió «solo fuego vamos a dar. ¡Viva Cuba libre! Patria o muerte», multiplicando así la retórica de guerra. No pocos lo han calificado como guapería cibernética, visto que, horas antes, un video grabado en las calles de La Habana lo muestra en un encontronazo con otra persona que lo llama comunista y descarado. Aunque en las imágenes tal parece que sí, que le hizo frente al que lo increpó, el gesto de avanzar cauteloso, para luego dar la espalda y marcharse, lo delata. Ese, ni un hollejo tira.

El periodista Oliver Zamora Oria, rostro habitual en la televisión estatal, corresponsal de Russia Today en La Habana, también colgó un «Yo el mío», como si el fusil formara parte del inventario del noticiero. Zamora Oria ya había defendido en televisión que Irán debía responder militarmente a bombardeos estadounidenses, afirmando que Teherán «no tenía otra opción» y que mostrar debilidad «podría significar su fin», pero faltaría saber cuál sería su actitud si lo tiran en una trinchera, sin agua y sin comida, bajo lluvia, sol y sereno. Tal vez crea que la misión que le encomienden sea resguardarse en un piso, ahí, en 23 y M, y esperar que «Cuco Mendieta» aparezca caminando por La Rampa para él, desde la ventana, sacar su rifle y disparar.
Su mensaje encaja con un estilo de análisis en el que la vida humana es mero instrumento geopolítico y a decir de un excolega suyo, «lo que él quiere, es que «Cuco» lo encañone».

Trovadores fidelistas: de la guitarra al fusil
Entre los músicos, la adhesión a la causa bélica tiene matices. Ariel Díaz, un trovador menor, cada día venido a menos, convertido en ciberclaria de las redes sociales, pero de gran fidelidad ideológica, se sumó al momento histórico al publicar un hashtag #ExijoMiAKM.
«Arielito», sobre el que pesa una acusación velada por parte de una ex, que casi afirma que él le montó una celada junto con el violador Fernando Bécquer, es el típico “fidelista” que, para reafirmar su compromiso con la Revolución, no solo aparece en Google Images al lado de Fidel vistiendo un pullover con la imagen de Elián González, sino que ha llegado más lejos aún, al pedirle al influencer Alexander Otaola ser incluido en una “lista roja” de personas vetadas en EE. UU., como si alguna vez alguien se interesase en traerlo a los EE.UU. para que cante. Habrá quien incluso crea que es bipolar porque, paradójicamente, a cada rato se queja en Facebook de la miseria cotidiana, del salario que no alcanzaba y de tener que “inventar” para sobrevivir.
Más incisivo es Ray Fernández, conocido como “Ray Tun Tun”. Su fama nació en las peñas del Diablo Tun Tun, donde combinaba sátira y denuncia. Sin embargo, desde 2020 giró hacia el oficialismo. Tras salir a la luz denuncias de abuso sexual contra el trovador Fernando Bécquer, Fernández salió a defender a su amigo calificando las acusaciones de “chanchullos, bretes y difamación” (Ariel Díaz y Raúl Torres fueron otros dos que defendieron en las redes con vehemencia a Bécquer, así que ya podrán Uds. tener una idea de qué pata cojea toda esta gente). Cubanet recuerda que desde entonces «asumió un discurso totalmente opuesto al de sus canciones antigubernamentales» y que incluso justificó la represión del 11J. Diario de Cuba también reportó que Fernández presumió en redes su militancia en el Partido Comunista y se burló del cantante Descemer Bueno, llamándolo “soquete” por criticar al régimen. Ahora, en respuesta a Silvio, aseguró que exige “su lanzallamas y su puesto en el primer frente”, pero imágenes recientes lo han mostrado con una enorme panza; de esas que, parafraseando a su máximo ídolo, «si se tira (al suelo), queda«
Otro que se sumó fue el trovador y presentador Fidel Díaz Castro, conocido como Eldiablo Díaz. Este productor televisivo y otrora replicador, guitarra en mano, de las canciones de Silvio, no dudó en advertir que «una cosa es con guitarra y otra cosa con fusil». Obra musical no ha tenido casi ninguna, y solo descolló dentro de la isla cuando comenzó a publicar crónicas pedorras bajo el pseudónimo de El Diablo Ilustrado»; cuentos semieróticos que algunos achacaron erróneamente la autoría al entonces Ministro de Cultura, Abel Prieto.

El mismo Fidel Díaz saltó a la palestra en 2022 al proponer en redes que la heladería Coppelia pasara a manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, al denunciar la mala atención en el establecimiento. Su fidelidad se expresa así en la crítica controlada y la obediencia final, pero lo de tomar un arma no parece ser lo suyo, aunque puede que sí, que haya estado en el Servicio Militar, haya sido miembro de las MTT y haya practicado, cuando fiñe, en un campo de tiro de la SEPMI con una escopera de perlet.
Mención aparte para los otros “artistas” que se unieron al estribillo bélico, donde aparecen nombres que en realidad son funcionarios o propagandistas. La diplomática Johana Tablada, embajadora de Cuba en México y número dos de la Dirección para EE. UU., contestó al ultimátum de Donald Trump recordando a los 32 cubanos muertos en misiones en Venezuela y advirtiendo que «imaginen cuántos millones estaremos dispuestos a luchar y derramar nuestra sangre por Cuba». Remató con la consigna «¡Patria o muerte, venceremos!», dejando claro que, aunque no canta ni pinta, reclama un lugar en este peculiar «artistaje».
Tampoco faltó la española Ana Hurtado, activista comunista que trabaja para medios oficiales y que no ha vuelto a España para evitar tener que enfrentar juicios y pagos por sus calumnias contra el activista cubano Lucio Enriquez Nodarse. Esta «casi» fugitiva de la justicia española, se mostro en sus redes dispuesta a dar su vida «por la Revolución, por el pueblo, por Cuba, por el socialismo… por Fidel, por Raúl, por Díaz‑Canel», pero su experiencia arma en mano quizás se reduzca a cazar conejos en el campo para cocinar una paella.

Hurtado más bien es conocida por difundir propaganda y desinformación: CiberCuba la señala como «propagandista española conocida por su defensa del régimen», que incluso publicó como noticia reciente una foto de un homenaje a Fidel en un tren español tomada en 2016 y que suele replicar narrativas oficiales sin contrastarlas. No canta, pero se gana un puesto en el «artistaje» a base de devoción al caudillo y hasta osó, burlarse de la muerte de Pablo Milanés. Asquito, ¿eh?
La inclusión de figuras como Ana Hurtado, Johana Tablada u Oliver Zamora en el coro bélico evidencia cómo el aparato propagandístico cubano instrumentaliza el prestigio cultural para legitimar un discurso de guerra. En la práctica, muchos de ellos no producen arte sino consignas; en el mejor de los casos, música de baja relevancia; en el peor, desinformación.
Sus declaraciones –exigir fusiles, lanzallamas o prometer sangre– cuando jamás en la vida una bala le ha pasado silbándole por el oído —los que hemos vivido esa experiencia sabemos cuan acojonante puede ser— llegan en un momento en que la población cubana sufre apagones, falta de alimentos y un éxodo masivo. Mientras el país se hunde en la miseria, el “artistaje” oficialista sueña con inmolarse por un régimen que ni siquiera garantiza el helado, y solo aspiran, con sus pocas neuronas, a imaginarse un futuro con fusil.





















