Una madre santiaguera está pidiendo ayuda pública después de que un incendio devorara su vivienda y todas sus pertenencias en la madrugada del martes en El Alto de la Ceiba, en la finca Flor de Lis, municipio Santiago de Cuba. Arlenis López, madre de tres niños de 12, 11 y 5 años, relató con angustia en un grupo de Facebook que “perdí todo… el fuego consumió ropa, calzado, mochilas escolares, libros y todos los bienes del hogar”.
Tras el siniestro, Arlenis acudió a varias instancias estatales buscando asistencia, pero asegura que la respuesta fue desalentadora: le ofrecieron “unas tejas negras de chapapote” y una supuesta ayuda futura para reconstruir, algo que ella considera poco probable. “Quisiera saber a dónde tendré que dirigirme para que me den una respuesta aceptable”, escribió, compartiendo la incertidumbre en que ha quedado su familia.

El incendio ocurre en un contexto donde apagones prolongados y la precariedad de servicios básicos incrementan el riesgo de accidentes domésticos. Muchos hogares recurren a velas, lámparas improvisadas o métodos poco seguros para cocinar debido a la falta de gas y electricidad estable, una combinación que puede terminar en tragedias como esta.
Este no es un hecho aislado en Cuba. En diciembre de 2024, otra familia en Santiago de Cuba vio su casa de madera completamente destruida por el fuego, quedando sin hogar y sin pertenencias, mientras vecinos y usuarios de redes sociales difundieron llamados para apoyarles con donaciones ante la falta de respaldo oficial claro.
En julio de 2024, también en Santiago de Cuba, una familia con tres niños perdió su vivienda en un incendio provocado por un problema eléctrico, y se buscó ayuda a través de redes sociales para reconstruir sus vidas y atender las necesidades básicas de los menores.
Y en enero de 2026, varias familias quedaron sin hogar tras un incendio en una cuartería en Santiago de Cuba, situación que se sumó a otros incidentes similares en La Habana, donde residentes pidieron donaciones de ropa, útiles escolares y artículos básicos para sobrellevar la pérdida de sus bienes.
Casos como el de Arlenis ejemplifican cómo, ante la magnitud de las necesidades personales frente a tragedias domésticas, las redes de solidaridad ciudadana y los llamados públicos se convierten en vías de apoyo para familias que de la noche a la mañana ven desaparecer su patrimonio y enfrentan desafíos enormes para reconstruir su vida.




















