En medio de apagones prolongados, escasez de combustible y recortes que han golpeado el transporte y la vida cotidiana en la isla, el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, ha encadenado una gira internacional que en febrero lo ha llevado de Asia a varias capitales europeas. Mientras el Gobierno cubano anunció medidas para priorizar combustible en sectores “esenciales” ante el endurecimiento del cerco energético, la agenda exterior del ministro ha seguido creciendo con reuniones bilaterales y apariciones en foros multilaterales.
La primera parte del mes incluyó una búsqueda de respaldos en aliados tradicionales. Rodríguez viajó a Pekín, donde China reiteró “apoyo y asistencia” a Cuba en un contexto de presión energética, según reportó EFE, y después pasó por Hanói, con encuentros al más alto nivel en Vietnam, que la prensa estatal cubana presentó como una visita de trabajo en calidad de enviado especial.
La secuencia europea comenzó el 16 de febrero en Madrid. El Ministerio español de Exteriores informó que José Manuel Albares recibió a Rodríguez “a petición” del canciller cubano y que abordaron la situación en Cuba y la de las empresas españolas en la isla, en una escala tras la gira asiática. El País añadió que España ofreció ayuda en alimentos y medicinas en un momento de “asfixia petrolera” y tensión por las medidas de Washington.
Dos días después, el 18 de febrero, Rodríguez estuvo en Moscú. Reuters reportó reuniones con Serguéi Lavrov y con Vladímir Putin en el Kremlin, con mensajes públicos contra las restricciones de Estados Unidos y promesas de apoyo político a La Habana, en una coyuntura de escasez de combustible que ha agravado los apagones.
El 20 de febrero, la Cancillería cubana informó conversaciones en París con el ministro francés de Exteriores y una visita a la UNESCO. Tres días después, el propio Minrex reportó una “intensa agenda” en Ginebra, con intervención ante el Consejo de Derechos Humanos y participación en la Conferencia de Desarme, además de reuniones con altos funcionarios del sistema de Naciones Unidas.
El gasto del viaje
Pero… ¿cuánto ha gastado el también llamado «Condeneitor» en estos viajes?
«Poco» dirían los defensores del viajeteo de un canciller encargado de ir por el mundo reforzando el interés en «la cooperación mutua» y señalando que la culpa no es de ellos que no pueden pagar, sino de los EE.UU. que les impide a ellos obtener la divisa para hacer los pagos. O sea, si lo miramos desde el punto de vista del Estado Cubano, diríamos que cualquier gasto es poco comparado con lo que pueda obtenerse de manera económica (o simbólica) con estas visitas.
Lo cierto es que tal y como estamos en el mundo hoy en día con la tecnología, todo lo que Bruno dijo e hizo podía resolverse con una videollamada. Sin embargo, y suponiendo que no haya viajado en avión (jet) privado y que lo haya hecho de manera «barata» – es decir, en avión comercial y “primera clase” (que no, él no es Aleida Guevara que lo hace en clase económica) -, lo primero es aclarar que en buena parte de esas rutas por las que ha andado Bruno por estas horas, no existe primera clase como tal: muchas aerolíneas solo venden clase business en largo radio y, en corto radio europeo, “business” suele ser un asiento de turista con el asiento del medio bloqueado. Aun así, usando precios típicos de mercado como referencia y un multiplicador razonable sobre tarifas medias, se puede estimar un rango y no son cuatro presos.
Para tener una base, herramientas como Google Flights suelen mostrar precios “típicos” de billetes entre ciudades (normalmente en económica) y dejan claro que el salto grande viene por la clase. Por ejemplo, en Havana–Madrid se ven rangos típicos que rondan los 690–1.000 € en temporada, según Google Flights y páginas de aerolíneas como Iberia. En rutas como Madrid–Moscú, Google Flights refleja típicos de alrededor de 580–1.100 € (en económica/estándar) dependiendo de fechas y compañías. Para un tramo corto tipo París–Ginebra, incluso en tren hay billetes desde decenas de euros, y en avión los rangos varían muchísimo, pero es un trayecto donde “primera” no se parece a la primera intercontinental.
Con esa lógica, en largo radio “primera” (si existiera) suele costar aproximadamente entre 6 y 12 veces un billete económico típico; y en “business” suele moverse más bien entre 3 y 6 veces, según temporada y disponibilidad. Aplicando eso a un itinerario como el que describes (Cuba–China, China–Vietnam, Vietnam–Madrid, Madrid–Moscú, Moscú–París, París–Ginebra y regreso a Cuba, o equivalente), lo más realista es calcularlo como una mezcla de business/primera “equivalente”: los dos tramos transatlánticos (Cuba–Europa ida y vuelta) fácilmente se van a varios miles cada uno en cabina premium; los tramos Asia–Europa son, por regla general, los más caros en premium; y los saltos intraeuropeos suman mucho menos.
Resultado: “a ojo, pero con números”, un total razonable para toda esa cadena en cabina premium estaría más cerca de 25.000–50.000 € si lo mirásemos como business alta (lo más probable en la práctica) y de 40.000–80.000 € si insistimos en primera donde exista y en la tarifa más cara donde no exista. Ese rango se abre o se cierra según si compra con poca antelación, si vuela con escalas raras, si usa tarifas gubernamentales/negociadas o si concentra el viaje en aerolíneas con acuerdos.
Eso, suponiendo que siempre haya viajado él solito, sin médico, sin guardaespaldas y sin acompañante.




















