El fenómeno de El Niño se intensifica en el Pacífico y podría convertirse en el más fuerte desde que existen registros, según la NOAA y el Centro Europeo de Pronósticos (ECMWF). Meteorólogos cubanos advierten que, aunque la temporada ciclónica 2026 será menos activa, el país enfrentará calor extremo, sequía y un invierno 2026-2027 con lluvias intensas y tornados, en un momento en que Cuba ya arrastra una severa crisis de agua potable.
El 24 de agosto de 1992, el huracán Andrew entró por el sur de Miami-Dade como categoría 5 con vientos de unas 165 mph. Treinta y cuatro años después, la tormenta sigue siendo una referencia para la construcción, la meteorología y la preparación ante ciclones en Florida.
La NOAA confirmó el retorno de El Niño con un 63% de probabilidad de que alcance intensidad muy alta entre noviembre de 2026 y enero de 2027. Cuba llega a ese escenario con el 62% de su territorio ya en sequía y las reservas hídricas por debajo del 40% de capacidad — el nivel más bajo desde 2015. Menos lluvia, más calor y menos agua en un país que ya no tiene margen.
El sistema —identificado como AL91— se mueve lentamente hacia el oeste, entre 5 y 10 millas por hora, y de mantener la organización podría estar cerca de las Antillas Menores a mediados o finales de la próxima semana.
El Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología de Cuba ha lanzado el pronóstico para la actividad ciclónica del 2024, anticipando una temporada muy activa.
El Instituto de Meteorología de Cuba (INSMET) pronosticó que al menos 5 huracanes se formarán durante 2023 en la temporada ciclónica que comienza el 1 de junio