La noche empieza igual que tantas otras en Brickell o Wynwood: música alta, tragos caros, luces suaves y esa sensación de que todo es posible si se deja uno llevar. En ese terreno, donde el alcohol baja la guardia y la vanidad sube el volumen, se movía Sarah Tavano, una mujer que, según la policía de Miami, convirtió la seducción en una herramienta de trabajo y el engaño en un método sistemático para robar a hombres que la conocían en bares.
La policía la describe como una especialista en lo que, en la calle, muchos llamarían “el arte del engatusamiento”. La sonrisita medida, el cariñito breve en el brazo, el guiñito cómplice, el acercarse lo justo para que el perfume se quede en el cuello del otro, el dejarse decir cosas al oído sin interrumpir. No es un espectáculo ni un acto teatral: es una coreografía mínima, casi invisible, que muchos hombres, con el ego por delante y el juicio por detrás, confunden con interés real. Y ahí es donde, según los investigadores, Tavano cerraba la trampa.
La mujer, de 39 años y nacida en Massachusetts, fue arrestada el domingo en Sugar, el bar en la azotea del hotel EAST en Brickell justo antes de que actuara, señala Local10 News. Al detenerla, por sospechas de lo que iba a hacer, obvio, la policía halló en su bolso una bolsa con polvo blanco, un vaso plástico con cuatro pastillas y una botella de Jägermeister que también contenía una sustancia en polvo. De acuerdo con el informe de arresto, Tavano dijo que el líquido en la botella tenía MDMA.
La MDMA MDMA es una droga sintética psicoactiva, conocida en la calle como éxtasis o molly. Su nombre químico es 3,4-metilendioximetanfetamina y actúa directamente sobre el cerebro, provocando una combinación de efectos, tales como: euforia intensa, sensación de cercanía emocional, desinhibición, aumento de energía y una falsa sensación de conexión con otras personas. Al mismo tiempo altera la percepción, el juicio y la memoria, y puede provocar confusión, mareos, náuseas y desmayos. En dosis más altas o mezclada con alcohol, puede causar pérdida de conciencia, problemas cardíacos, hipertermia y, en casos graves, la muerte. Es, en fin, una sustancia muy usada en contextos de manipulación o abuso, ya que reduce la capacidad de la persona para defenderse, recordar lo ocurrido o tomar decisiones conscientes.
No era la primera vez que su nombre aparecía en expedientes. De hecho, un detective aseguró haberla reconocido de inmediato al verla en un video de seguridad, porque ya la había tenido como sospechosa en investigaciones previas. Esta vez, sin embargo, el patrón estaba demasiado claro para ignorarlo: hombres que la conocían en bares, pérdidas de memoria, desmayos, apartamentos o habitaciones saqueadas y objetos de lujo desaparecidos.
En uno de los casos, ocurrido a finales de octubre, un hombre relató haber conocido a una mujer en un bar del centro y despertar horas después sin recordar cómo llegó a su apartamento. Al abrir los ojos, notó que joyas, maletas, carteras y otros artículos de alto valor ya no estaban. Un rastro de huellas y cámaras de seguridad llevó a Tavano, quien terminó confesando que había tomado decenas de bolsos de marcas de lujo y otras pertenencias.
En diciembre, otro hombre contó a la policía que, tras conocer a una mujer en Wynwood, sufrió un apagón total. Al despertar, no solo había perdido su teléfono y su billetera, sino que su cuenta bancaria y sus activos en criptomonedas habían sido vaciados mediante transacciones no autorizadas por decenas de miles de dólares.
Días después, en un hotel del centro de Miami, un tercer hombre describió un escenario similar: conoció a la mujer en Sugar, compartieron tragos y, poco después, comenzó a sentirse enfermo, mareado y débil hasta perder el conocimiento. Cuando despertó, su Rolex y dinero en efectivo habían desaparecido. Los síntomas, según dijo, lo acompañaron durante casi una semana.
La policía sostiene que Tavano ganaba la confianza de sus víctimas “bajo la apariencia de una interacción consensuada”, para luego drogarlas y despojarlas de todo lo que pudiera cargar. El patrón se repitió tantas veces que los investigadores no hablan de hechos aislados, sino de una rutina.
En total, enfrenta diez cargos criminales repartidos en cuatro casos, que incluyen robo en vivienda ocupada, fraude organizado, hurto mayor, envenenamiento de alimentos o bebidas y posesión de sustancias controladas. La fianza global fue fijada en 55.000 dólares, y el tribunal exigió que demostrara que el dinero no proviene de actividades ilícitas.


















