El viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, reconoció públicamente que el gobierno de la Isla se toma «muy en serio» los recientes reportes sobre una posible intervención militar por parte de Estados Unidos, admitiendo además que, ante tal escenario, la nación caribeña no contaría con respaldo extranjero. Durante una entrevista concedida al programa Washington Journal, el diplomático fue categórico al responder sobre el apoyo foráneo asegurando: «Estamos por nuestra cuenta». En ese mismo hilo, el funcionario enfatizó que La Habana debe prepararse bajo la premisa de que «quizás ningún país vendrá en nuestra ayuda» y que el derecho a la autodefensa tendrían que ejercerlo obligatoriamente «por nuestra cuenta».
Este desafiante pronunciamiento surge en un clima de fricción detonado por las recientes declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien sentenció que «la libertad llegará a Cuba» y catalogó al país caribeño como un «Estado fallido». Frente a estas aseveraciones, Fernández de Cossío refutó tajantemente alegando que «Cuba es un país bajo agresión, no un Estado fallido», y denunció que el territorio insular soporta una «agresión implacable y multidimensional» orquestada por «la nación más poderosa de la Tierra».
Al ser cuestionado sobre la información de CBS News referente a supuestos preparativos militares de Washington enfocados en la Isla, el viceministro argumentó que resultaría «ingenuo» no alistar a las estructuras gubernamentales y a la propia población para enfrentar esa «posibilidad drástica». De este modo, respaldó la postura oficial expresando: «Desafortunadamente, tenemos que tomar reportes como estos muy en serio», aludiendo a las frecuentes declaraciones estadounidenses en ese sentido. Asimismo, advirtió que el uso de la fuerza contra «un vecino pacífico» constituiría un «crimen internacional atroz», acusando a la contraparte de pretender «tomar el control de Cuba» para forzar transformaciones políticas que equivaldrían a «anular a Cuba como nación» y violar su soberanía.
En el tramo final de su intervención, el representante del Estado responsabilizó a la política de sanciones de Estados Unidos por gran parte del colapso que vive la Isla en la actualidad. «Es tratar de llevar al pueblo de Cuba a la sumisión mediante el hambre», sentenció, tras catalogar la cotidianidad de los ciudadanos como «muy difícil» debido a la incidencia de los prolongados apagones, la acentuada falta de combustible, las crisis en el transporte público, la pérdida de alimentos y las graves afectaciones hospitalarias derivadas de la falta de electricidad. Pese a la dureza del contexto, el diplomático confirmó que se han sostenido contactos recientes con autoridades norteamericanas y reiteró la plena disposición del gobierno cubano para negociar «de manera respetuosa», siempre y cuando se respete la autonomía de ambos Estados.

