Una honda tristeza embarga por estos días a los creyentes dentro y fuera de la isla tras conocerse el deceso del reverendo Raimundo García Franco. El destacado pastor presbiteriano-reformado, quien además dejó una profunda huella como historiador y líder social, dejó de existir en la Finca Durañona, ubicada en el municipio habanero de Marianao, como consecuencia de una enfermedad.
La lamentable noticia cobró notoriedad pública a través de las plataformas digitales del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba (CCRD), la emblemática institución que él mismo concibió y guió. En su emotiva publicación de despedida, la organización ensalzó su figura describiéndolo como un «hombre de fe profunda, incansable sembrador de la Palabra y un verdadero constructor de puentes para el diálogo y el entendimiento». A las muestras de dolor se sumó de inmediato el Consejo de Iglesias de Cuba, cuyos representantes lamentaron la pérdida y enaltecieron el inestimable valor de su obra para el movimiento ecuménico de la nación.
Los orígenes de este incansable servidor se remontan al poblado de El Cristo, en Santiago de Cuba, donde nació en el año 1941. Su consagración definitiva al altar ocurrió en 1964 al ser ordenado oficialmente dentro de la Iglesia Presbiteriana-Reformada de Cuba, una entidad a la que entregó más de sesenta años de servicio pastoral ininterrumpido.
Pero la vocación de García Franco no se limitó a las sagradas escrituras; su agudo intelecto lo llevó a licenciarse en Historia y Ciencias Sociales, saberes que complementó con profundas incursiones académicas en la Teología, la Psicología y el Periodismo. Toda esta amalgama de conocimientos cobró vida material cuando dio forma al CCRD en la ciudad de Cárdenas, Matanzas. Desde ese bastión, la organización extendió su mano protectora hacia la sociedad civil mediante el fomento del diálogo entre distintas confesiones, la reconciliación social, la defensa de los derechos humanos y el amparo psicopastoral a mujeres que han sufrido el flagelo de la violencia de género.
Indudablemente, uno de los capítulos que definió el temple de su carácter y dejó un legado histórico invaluable fue su autoría del volumen «Llanura de Sombras. Diario de un pastor en las UMAP». Estas páginas constituyen una memoria viva y autobiográfica de su confinamiento en las tristemente célebres Unidades Militares de Ayuda a la Producción. Dichos enclaves de trabajo forzado, erigidos por el gobierno de Fidel Castro entre 1965 y 1968, albergaron tras sus cercados a una cifra estimada de entre 25,000 y 35,000 ciudadanos que la cúpula gobernante tachaba de indeseables.
Bajo ese sombrío calificativo fueron encerrados homosexuales, religiosos de diversas corrientes e intelectuales con posturas críticas. El horror de aquellos campos quedó plasmado en estadísticas trágicas: un mínimo de 252 internos perdieron la vida debido a torturas o desesperados suicidios, mientras que unos 500 sufrieron secuelas severas que requirieron internamiento psiquiátrico. El reverendo experimentó en carne propia ese calvario hasta que obtuvo su libertad en noviembre de 1967, apenas unos meses antes de que los polémicos recintos fueran clausurados de manera definitiva en septiembre de 1968.
La valiosa crónica de su encierro vio la luz bajo el sello editorial del propio CCRD en el año 2019, logrando además una proyección internacional gracias a su traducción al idioma inglés bajo el título «Plain of Darkness: A Pastor’s Diary at UMAP». Lejos de guardar rencor por los abusos sufridos, García Franco demostró la altura de sus convicciones promoviendo desde su centro la realización de históricos foros de encuentro entre antiguos represores y las víctimas de aquellos campos, buscando con ello sembrar la semilla del perdón mutuo.
Al momento de su partida física, el pastor vivía la etapa de su viudez, tras haber despedido tiempo atrás a su compañera de vida, Rita Morris Cabrero. La institución que ayudó a forjar cerró el homenaje luctuoso garantizando que el espíritu de su mentor no se desvanecerá, expresando textualmente que «Sus obras y su legado de fe continuarán vivos en el corazón de su familia, amigos, de la comunidad cristiana y de su pueblo que tanto amó. Descansa ahora en la paz eterna de Cristo, junto a su esposa Rita Morris Cabrero».


















