Fernando Mendoza: hablar en español es un homenaje al que llegó a USA y empezó desde cero (entrevista y video)

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Cuando a mediados de diciembre de 2025 Fernando Mendoza habló en español en medio de su discurso tras recibir el Trofeo Heisman, el quarterback criado en Miami, no lo hizo como un adorno y tampoco lanzó alguna que otra frase suelta: fue una explicación pública de por qué su historia, incluso en el deporte universitario de élite, sigue amarrada a una casa de inmigrantes, a una mesa familiar y a una educación hecha de sacrificios repetidos.

Mendoza dijo que todos sus abuelos nacieron y crecieron en Cuba: tres en La Habana y uno en Santiago. Y colocó la gratitud en un lugar específico, sin romanticismo: las “dificultades” de venir, la experiencia de ser inmigrante y “empezar desde cero”, el tipo de vida que no se entiende desde el resumen épico sino desde el trabajo acumulado, los turnos largos y la paciencia con la que una familia construye base en un país nuevo.

No fue “un guiño” simpático. Lo explicó después, con calma, el 15 de diciembre de 2025, en una sesión de preguntas y respuestas publicada por On3, al explicar por qué decidió hablar en español y dedicar un momento de su intervención a su familia. No fue una frase suelta “de ceremonia”, sino una respuesta desarrollada, casi confesional, donde amarró identidad, migración y orgullo familiar con un detalle que suele perderse en las versiones virales: el viaje de regreso a Cuba que sus abuelos organizaron para él y su hermano cuando estaban en la secundaria, para que vieran “de dónde venían”.

En ese diálogo, en la entrevista con On3, Mendoza se presentó nuevamente como cubanoamericano nacido en Estados Unidos, pero insistió en la raíz: los cuatro abuelos nacieron y se criaron en Cuba, vivieron allí y luego emigraron. Al hablar del “sueño americano”, no lo colocó como un lema, sino como una cadena de sacrificios: primero los abuelos sosteniendo a sus padres y luego los padres sosteniéndolo a él. En su relato, la herencia no aparece como folklore, sino como una economía moral: cuando recuerda lo que costó llegar, lo que a él le toca hacer —entrenar, estudiar, responder— se vuelve “más fácil” porque lo compara con el precio que pagaron antes.

El detalle más revelador llegó cuando habló del aprendizaje de su herencia: contó que sus abuelos lo llevaron a él y a su hermano a Cuba cuando estaban en la secundaria para que vieran de dónde venían; para que vieran de dónde provenían, para que apreciaran la miseria en la isla y aprendieran a valorar lo mucho que tenían, comparándolo con lo poco que hubiesen tenido de haberse quedado sus abuelos a vivir en la isla. Ese viaje, más allá de la anécdota, es una clave sociológica. En la vida migrante, el orgullo no nace solo del lugar de origen, sino del esfuerzo por no perderlo del todo. Volver, aunque sea una vez, funciona como una confirmación íntima.

Ese matiz es importante porque explica por qué dijo que quería hablar en español, aunque admite que no se considera el más fluido y se define más bien como “conversacional”. El gesto, según él, era un mensaje hacia dentro y hacia fuera: hacia sus abuelos, para mostrarles el impacto que tuvieron en su vida, y hacia una comunidad hispana que, remarcó, también llena estadios y consume fútbol americano con una lealtad familiar muy visible.

En esa respuesta, Mendoza no presentó la migración como un lema, sino como una cadena de apoyos y sacrificios en la que cada generación empuja a la siguiente. Dijo que sus abuelos “empezaron desde cero”, que sostuvieron a sus padres, y que después sus padres lo sostuvieron a él. Esa lógica de continuidad convierte su éxito deportivo en algo menos individual de lo que suele vender la industria del deporte universitario.

Yeah, so my heritage is Cuban American. I was born in America. However, all four of my grandparents born and raised in Cuba. They lived there and then they immigrated to the United States. I essentially made the American dream, sacrificed so much to support my parents and then for them my parents to support myself. And learning about the heritage, you know, actually them taking myself and my brother back to Cuba when we were in high school to see where we came from. I saw how much it meant to them and I believe that’s where a lot of the pride comes from the family. And like you see like Diego’s family, he had like a hundred people there too. It’s like the Hispanic culture, the Hispanic family is so prideful and supportive of one another. I thought that saying something in Spanish, although I want to say I’m the most fluent, I like to think of like I’m conversational in Spanish, would mean a lot to them to show, hey, this is how much of an impact it’s had on myself. And then also for the Hispanic community out there. There’s a lot of Hispanic football fans and it’s something that I look forward to represent.

Mendoza también admitió que no se considera totalmente fluido en español y se describió como “conversacional”. Esa confesión le quita pose al gesto y lo vuelve más real: hablar en español no fue un acto de perfección, sino de pertenencia. Lo que quiso decir, en el fondo, es que su identidad no depende de un acento impecable, sino de una gratitud concreta hacia quienes levantaron una vida donde no la había.

Su frase resume un tipo de homenaje que en Miami se entiende sin explicaciones: el triunfo, cuando se dice en español, no es solo celebración; es reconocimiento al que llegó sin nada y aun así dejó algo.

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