El turismo internacional en EEUU registra su peor caída desde la pandemia: 4 millones menos de visitantes

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Los turistas dejaron de ir a EEUU y el país perdió miles de millones. En total han sido $8,000 millones perdidos. No fue una pandemia ni una recesión.

No hubo pandemia. No hubo colapso financiero. Los turistas simplemente dejaron de venir. Los datos completos de 2025 muestran que Estados Unidos sufrió la mayor caída de visitantes internacionales desde el COVID-19 —más profunda incluso que durante la recesión de 2008— y la causa que señalan los analistas no es económica ni sanitaria: es política. Los viajeros citan la retórica presidencial y los conflictos que genera la administración Trump como razones para elegir otro destino.

Cuatro millones menos de turistas, $8,000 millones menos en el bolsillo

Los datos del Consejo Mundial de Viajes y Turismo lo certifican: cuatro millones menos de visitantes extranjeros llegaron a Estados Unidos en 2025 en comparación con 2024, y el gasto total cayó más de $8,000 millones ajustados por inflación y tipo de cambio.

Tourism Economics estima que la pérdida es aún mayor si se compara con lo que el sector habría generado manteniendo su trayectoria de crecimiento prevista: hasta $25,000 millones menos. Y mientras EEUU perdía turistas, el mundo los ganaba: 80 millones de personas más viajaron internacionalmente en 2025 respecto al año anterior.

«Sin embargo, eligieron otros destinos», escribió el WTTC en su comunicado de abril. Madrid, en España, ha sido uno de ellos. Allí también las cosas se están encareciendo.

Los canadienses, protagonistas de la estampida

La inmensa mayoría de la caída se explica por un solo factor: los canadienses dejaron de cruzar la frontera.

Canadá fue durante décadas el mayor emisor individual de turistas hacia EEUU, con más de 20 millones de visitantes tan solo en 2024. En junio y julio de 2025, por primera vez en casi dos décadas fuera de pandemia, más estadounidenses viajaron a Canadá que canadienses a EEUU.

Las llegadas por carretera cayeron un 37% en julio; los vuelos, un 26%. Las caídas desde Alemania, India, Francia, Chile, Australia y China también fueron notables, aunque marginales frente al volumen del éxodo canadiense. México fue la excepción: un millón de visitantes adicionales en 2025 respecto al año anterior.

La tendencia no se corrigió al empezar el nuevo año. En enero de 2026, el flujo de viajeros extranjeros cayó un 4.8% adicional. La Oficina Nacional de Viajes y Turismo proyecta que las llegadas internacionales a EEUU no superarán los niveles anteriores en el corto plazo.

El sector hotelero y las aerolíneas ya sienten el impacto en ciudades como Las Vegas, donde el volumen total de visitantes cayó un 8% en el primer semestre de 2025 respecto al año anterior. Los que sí viajaron gastaron más por persona —pero no alcanzó para compensar la hemorragia de volumen.

El Mundial como salvavidas… que tiene sus propias grietas

La industria hotelera lleva meses apostando al Mundial de Fútbol 2026 —del 11 de junio al 19 de julio— como el evento que va a revertir la sangría. La FIFA proyecta entre 20 y 30 millones de turistas para el torneo, y la Asociación de Hoteles y Alojamientos de EEUU (AHLA) habla de que cada ciudad sede vivirá algo equivalente a un Super Bowl.

El impacto económico total podría llegar a los 30,000 millones de dólares solo en territorio estadounidense, que acoge 78 de los 104 partidos. En teoría, parte del turista que no vino en 2025 estaba guardando el viaje para este año.

La teoría choca con los datos sobre el terreno. Cerca del 80% de los hoteles consultados en las once ciudades sede reportaron reservas por debajo de sus previsiones iniciales, según la AHLA. Los turistas estadounidenses están liderando las reservas con amplia diferencia frente a los internacionales, lo que invierte exactamente la dinámica que el sector necesitaba.

Tourism Economics revisó a la baja sus proyecciones de crecimiento para 2026 y la Oficina Nacional de Viajes y Turismo no anticipa una recuperación que supere los niveles previos a la pandemia en el corto plazo. Si el Mundial iba a ser el salvavidas, el salvavidas tiene fugas.

El miedo al ICE: la razón por la que hay aficionados que no van a ir

Hay una razón concreta, documentada y que ningún folleto turístico menciona: mucha gente tiene miedo de que el ICE la detenga en el estadio. Más de 120 organizaciones de derechos civiles de EEUU, entre ellas la ACLU, emitieron en abril una alerta de viaje formal advirtiendo del «riesgo de graves violaciones de derechos» para aficionados, periodistas y visitantes. Entre los riesgos listados: denegación de entrada, arresto, detención, deportación, racial profiling y «trato cruel, inhumano o degradante» en los centros del ICE.

Human Rights Watch documentó que entre el 20 de enero de 2025 y el 10 de marzo de 2026, el ICE realizó al menos 167,000 arrestos en las áreas metropolitanas de las once ciudades sede del torneo en EEUU. La organización advierte que entre los arrestados hay personas a las que los agentes perciben como inmigrantes basándose en su apariencia, idioma o lugar de trabajo —no en su estatus migratorio real.

Emile, un camionero haitiano de Ohio que prefirió no dar su apellido, lo resumió en una frase para AFP: «Mi abogado me aconsejó que no viajara en avión para no quedar atrapado en el aeropuerto.»

Haití clasifica por primera vez desde 1974 y Emile no va a poder ver el partido. El DHS respondió que los visitantes internacionales que vienen legalmente «no tienen nada de qué preocuparse.» La Florida Immigrant Coalition tiene otra lectura: «Florida ya no es un destino seguro para turistas internacionales.»

El miedo no empezó con el Mundial. Empezó mucho antes, en los aeropuertos, en las paradas de tráfico, en los controles fronterizos donde turistas canadienses y europeos con visas en regla empezaron a ser detenidos y registrados. Alemania, el Reino Unido, Dinamarca, Finlandia y Portugal emitieron advertencias formales de viaje para sus ciudadanos.

Una artista de Nottingham llamada Gloria Sync canceló un viaje a San Francisco en mayo de 2025 con una frase que se viralizó: «La frontera no parece muy segura.» El director de una agencia de viajes noruega lo dijo más clínicamente: «Estados Unidos ya no se percibe como un destino acogedor.»

Tampoco es solo miedo: hay gente que simplemente no quiere ir

Una parte del éxodo no tiene que ver con el miedo a ser detenido. Tiene que ver con no querer dar dinero. El boicot a productos y destinos estadounidenses —que comenzó en Canadá con fuerza inédita después de que Trump llamara a su país el «estado 51″— derivó en algo que los analistas turísticos no habían visto en décadas: un movimiento de consumidores que cancela vacaciones por razones políticas a escala masiva.

Las reservas de viajes desde Canadá a EEUU para el período de abril a septiembre de 2025 cayeron más del 70% respecto al año anterior. El 60% de los adultos canadienses encuestados dijo que las políticas de Trump les estaban disuadiendo de viajar al sur. John Gauvreau, agente inmobiliario de Ontario que viajaba varias veces al año a EEUU, canceló sus vacaciones de Las Vegas en abril con un mensaje claro: no quería gastar su dinero allí mientras Trump amenazara la soberanía de su país.

El fenómeno cruzó el Atlántico. En Francia, Alemania y España surgieron campañas en redes sociales para evitar productos y destinos estadounidenses. El turismo europeo a EEUU cayó un 17% en general en 2025, con países como Irlanda, Alemania y Noruega superando el 20% de caída. Adam Sacks, presidente de Tourism Economics, lo comparó con el Brexit: «Es un patrón que recuerda la experiencia del Reino Unido tras el referendo.» Una vez que un destino pierde su imagen de país abierto, recuperarla lleva años.

Y encima, se fue poniendo caro

El tercer factor es el más prosaico y el más difícil de revertir: viajar a EEUU se encarece. Los aranceles de la administración Trump se trasladaron a los precios al consumidor más rápido de lo que el gobierno anticipó —especialmente en alimentos, muebles y bienes de consumo— y eso hace que el costo de una semana en Nueva York, Miami o Los Ángeles haya aumentado para el visitante extranjero incluso antes de comprar el pasaje.

En paralelo, el nuevo requisito de divulgación de redes sociales para el sistema ESTA —que pide revisar el historial completo del solicitante— no solo intimida: también ralentiza el proceso y añade una capa de incertidumbre que desincentiva la planificación anticipada. El WTTC calcula que ese solo cambio podría costarle al turismo estadounidense 4.7 millones de visitantes adicionales y 157,000 empleos del sector.

Para el Mundial, el problema de precio tiene un nombre concreto: el 80% de los hoteles en las once ciudades sede reportaron reservas por debajo de las previsiones. No porque no haya interés en el fútbol —haberlo, lo hay— sino porque la ecuación de miedo más política más precio está empujando a mucha gente a ver los partidos desde casa.

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