ETECSA confiesa su responsabilidad por la falsa alarma sísmica que causó el pánico en Cuba

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El misterio del «sismo» que sacudió los nervios de toda Cuba el pasado 18 de agosto ya tiene un culpable oficial, y no es la madre naturaleza. Tras el desmentido categórico del gigante tecnológico Google, que aclaró que «no detectó ningún terremoto ni envió alertas en Cuba», ETECSA (Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A.) ha salido a dar la cara y asumir la responsabilidad del pánico generalizado en la Isla.

En un inusual reconocimiento de culpa, el monopolio estatal confesó que la falsa alarma se debió a un desliz interno. Según la entidad, «los mensajes fueron emitidos debido a un error técnico-humano, generado por especialistas nuestros que ejecutaban pruebas en la red de telecomunicaciones». La compañía, que aseguró ser plenamente consciente «de la preocupación y malestar generados a raíz del error», confirmó la apertura de «una investigación para identificar el origen del incidente». Tras esta revisión, ETECSA concluyó que «se realizaron los análisis correspondientes, se adoptaron las medidas con los responsables y se implementan acciones para evitar incidentes similares en el futuro».

Sin embargo, los pasillos habaneros cuentan una historia con tintes mucho más dramáticos. Fuentes cercanas a la empresa, en condición de anonimato para Martí Noticias, revelaron que el epicentro del caos fue el mismísimo centro de datos de ETECSA, ubicado en la céntrica esquina de 19 y B, en El Vedado. Lo que debía ser un simulacro a puerta cerrada se salió totalmente de control, provocando tal nivel de crisis que agentes de la Seguridad del Estado intervinieron en las instalaciones hasta altas horas de la madrugada.

El papel de Google fue clave para desarmar la narrativa inicial. Un portavoz de la multinacional declaró recientemente a la revista oficialista Juventud Técnica que las acusaciones emitidas desde La Habana «son incorrectas». De hecho, la propia publicación científica ya había atado cabos días atrás, argumentando que: «Teniendo en cuenta entonces el formato en que se mostró la alerta (diferente al de Google que mostramos anteriormente) y el análisis de los códigos de Android para emergencias, todo parece apuntar a que la alerta llegó a través de la red móvil pública terrestre y no mediante el sistema Android Earthquake Alerts de Google».

Como bien interrogó la revista estatal en su momento: «Google asegura no haberla emitido y la Defensa Civil todavía investiga el suceso. Si no tembló la tierra, ¿qué fue lo que tembló?».

Recordemos que la tarde de aquel martes de agosto, el país se paralizó. Miles de ciudadanos, invadidos por el miedo y la ansiedad, abandonaron sus hogares y tomaron las calles bajo una absoluta incertidumbre informativa. El desconcierto reinó hasta que la Televisión Cubana se vio obligada a interrumpir su programación habitual para frenar los rumores. En medio del caos, Enrique Diego Arango Arias, director del Servicio Sismológico Nacional, intervino para calmar a la población, aclarando categóricamente que «la alarma de terremoto que llegó a los dispositivos móviles en muchos lugares del país no tiene fundamento en ninguna nota de alerta oficialmente emitida».

Hoy, la sismología pasa a un segundo plano para dejar bajo los reflectores a las telecomunicaciones y la vigilancia estatal. Tras la escueta explicación oficial, el debate en la sociedad cubana gira en torno a nuevas y preocupantes interrogantes: ¿Cuál era el verdadero objetivo de esta prueba masiva de mensajería? ¿Por qué se experimenta a esta escala en una red tan estrictamente controlada? El «error» de ETECSA, lejos de cerrar el capítulo, ha abierto la puerta a muchas más dudas.

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