«El que no roba, no tiene agua en Cuba»: la frase que resume la crisis hídrica de La Habana. En la capital, el agua ya no fluye por las tuberías sino por el mercado negro y las bombas ilegales. Entre el 40% y el 70% del agua bombeada se pierde antes de llegar a los hogares
En La Habana hay tres millones de personas que luchan cada día por algo que debería ser lo más básico: agua. Una encuesta de Cubadata reveló que el 46.6% de los capitalinos enfrenta escasez a diario o casi a diario. El sistema de distribución se desmorona, el mercado negro florece y la frase que circula entre los habaneros lo dice todo: «El que no roba, no tiene agua en Cuba.»
El problema no es solo que falte agua. Es que el sistema la pierde antes de que llegue. Entre el 40% y el 70% del agua bombeada se escapa por fugas en tuberías que nadie repara. Los cortes prolongados de electricidad impiden el bombeo regular, lo que ha causado roturas en las turbinas del sistema Cuenca Sur, que abastece a varios municipios de la capital.
El colapso del Sistema Eléctrico Nacional en octubre de 2024 extendió los ciclos de desabastecimiento a zonas que antes se salvaban, incluyendo Centro Habana y La Habana Vieja. Hoy la escasez es universal.
En Lawton, los vecinos se manifestaron tras acumular dos semanas sin suministro. Las autoridades de Aguas de La Habana solo intervinieron cuando la situación se tornó insostenible. En Guanabacoa, algunos barrios llevan semanas enteras sin agua y han tenido que recurrir a iglesias locales para conseguirla.
Ante el colapso del sistema estatal, los habaneros improvisaron. Las bombas ilegales, conocidas como «ladrones de agua», se venden en el mercado informal a precios exorbitantes y extraen el recurso directamente de las tuberías. Quienes no pueden pagarlas recurren a cisternas privadas que oscilan entre 18,000 y 26,000 pesos cubanos.
En Manzanillo, provincia de Granma, un pomo de 20 litros de agua potable cuesta hasta 100 pesos en el mercado informal. Para una familia que sobrevive con una jubilación promedio de 3,000 pesos al mes, eso no es un gasto. Es una imposibilidad.
La crisis hídrica es, en el fondo, un reflejo de todas las demás crisis cubanas: infraestructura sin inversión durante décadas, falta de diésel para los camiones cisterna, corrupción en la distribución y un Estado que hace tiempo dejó de poder garantizar lo mínimo. El agua fluye, pero no llega. Y la que llega, hay que pagarla al precio que alguien en la calle decida cobrar.
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