Una rusa que vive en Cuba ha causado revuelo en redes sociales tras anunciar que nombró a su hija recién nacida “Apagonia”, una clara referencia a los largos apagones que sufren los cubanos y que llegan a más de un día en muchas provincias.
“Cuando la niña nació, mi mamá rusa estaba aquí. Y ella no entendía por qué le puse a la niña ese nombre. Pero yo no veo nada mal ponerle a la niña Apagonia. Porque cuando se hizo, se cayó el SEN. Y cuando nació, se cayó el SEN”, explicó entre risas sobre varias de las desconexiones que ha tenido el Sistema Electroenergético Nacional en el último año y medio.
En el video que se hizo viral rápidamente la joven creadora de contenido, que se identifica como Poli en Instagram, quiso preguntarle a sus miles de seguidores qué nombre hubiera elegido si nacía varón: Apagón o Alumbrón.
Si bien Poli, que se hace llamar La rusita cubana, ha estado abordando el choque cultural de vivir en un país tan diferente al suyo desde 2019, se ha popular desde que empezó a documentar su maternidad desde la isla caribeña.
“Soy humorista, actriz, repartera, pero lo más importante soy madre de Apagonia y SEN”, contestó a un internauta que quiso saber en dónde trabaja en Cuba.
Tras el éxito de la “presentación” de Apagonia, Poli aseguró que no es una inteligencia artificial, sino una persona real que habla cuatro idiomas: alemán, inglés, español y ruso.
“Ayer vi un comentario que dice que soy IA o AI, pero no soy ni IA ni AI ni TRD ni CDR. Soy persona normal, rusa”, afirmó la muchacha que asegura que aprendió español “con mismos ustedes en la calle, con mi familia, con mi esposo, ahora con mis niños”.
Sobre la misma cuerda, Poli respondió a quien cree que “es difícil creer que siendo rusa” viva en Cuba y que “mejor creer que eres AI” diciendo que “el internet en Cuba no permite ser AI”.
Poli también ha desmentido que su cuenta esté vinculada a las Tiendas Recuadadoras de Divisa o a los Comités de Defensa de la Revolución, dos entidades controladas por el régimen cubano.
En otras de sus publicaciones la joven rusa, que baila reparto, dice “asere” y le gustan los tamales y el picadillo con platanito, ha retratado parte de la realidad cubana, prácticamente paralizada ante la escasez de los recursos más básicos.
En tal sentido, Poli ha hablado sobre cómo su hija recién nacida tiene doble nacionalidad, pero aún no tiene pasaporte cubano, “el azul”, porque “no hay tinta”, y ha pedido ayuda a su “padrino” porque los cubanos necesitan “otro barquito ruso”, esto último al hacer referencia al buque de combustible enviado por Rusia a la isla a finales del mes pasado.
Poli, que también ha destacado el regreso del idioma ruso a las escuelas cubanas y que no es influencer porque “no influyo ni en las colas de las gacelas (metrotaxis)” y vive en un cuarto piso donde el elevador lleva dos años “jodido”, forma parte de una comunidad rusa que supera las 3.500 personas en la isla y alrededor de 2.500 de ellos, ciudadanos rusos.




















