Miami Herald: El Cangrejo que negocia por Cuba usa Rolex y tiene un yate

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El Miami Herald revela quién es realmente «El Cangrejo», el nieto de Raúl Castro que negocia con el equipo de Rubio. Debe ser más famoso ahora mismo que Sebastián y no es poca cosa. Tiene un yate, un Rolex y una camiseta de los Yankees. Raúl Guillermo Rodríguez Castro es el hombre detrás del trono cubano que ahora está en el centro de las negociaciones con EE.UU.

«Es un pulpo con tentáculos en todo lo que tiene que ver con dinero», dice el Herald.

Mientras el pueblo cubano lleva meses sin electricidad, sin combustible y sin comida, el hombre que negocia el futuro de la isla con el equipo del Secretario de Estado Marco Rubio tiene un yate, usa un Rolex y vuela en jets privados a hacer compras en Panamá. Se llama Raúl Guillermo Rodríguez Castro, tiene 41 años, es el nieto favorito de Raúl Castro y todo el mundo lo conoce como «El Cangrejo.»

El Miami Herald publicó este jueves un perfil exhaustivo sobre él, firmado por la periodista Nora Gámez Torres, ganadora del Premio Maria Moors Cabot 2025 donde nos describe de pies a cabeza cómo es el Coronel Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro. Lo describe como el hombre que negocia con el equipo de Marco Rubio el futuro de Cuba. Un joven que presume de yates y fiestas VIP.

Según el Miami Herald, Rodríguez Castro no tiene cargo oficial en el gobierno ni en el Partido Comunista, pero eso no le impide ser la figura más influyente en las negociaciones con Washington.

De esto, que en cualquier país del mundo sería objeto de escándalo, en Cuba ni se habla ni se comenta, ni se critica entre su gente. A no ser bien bajito, en algunas casas, de puertas adentro. El pueblo está tan políticamente desideologizado, que incluso mentes brillantes de mi generación, que junto conmigo crecieron en el mismo barrio y las mismas escuelas —incluida una Escuela Vocacional— creen que es normal en el caso cubano.

El 26 de febrero, «El Cangrejo» voló en un jet Dassault Falcon 900 desde un aeropuerto militar en Baracoa hasta Saint Kitts para reunirse con uno de los principales asesores de Rubio, al margen de una cumbre caribeña. Y cuando la delegación del Departamento de Estado visitó La Habana el 10 de abril, El Cangrejo tuvo su propia reunión con un alto funcionario estadounidense, por separado del presidente Díaz-Canel.

«El abuelo ve a través de los ojos del nieto», dijo al Herald una fuente con conocimiento directo de las conversaciones. Debe ser que como tiene ojos y oídos más jóvenes tiene otra perspectiva de la vida, y al Castro aún viviente le interesa saber por dónde vienen los tiros; qué le va a pasar en sus últimos años de vida y —quién sabe— hasta le preocupa qué pasará con la piedra donde están depositadas las cenizas de su hermano.

El perfil de Gámez Torres describe a Rodríguez Castro como alguien que creció «en una burbuja, totalmente endiosado» — dejó la casa de sus padres a los 11 o 12 años para irse a vivir con su abuelo, fue educado en escuelas militares y acabó siendo el jefe de la seguridad personal de Raúl Castro. Si quería jugar béisbol, jugaba con el equipo nacional. Si el gobierno iba a asignar una casa a algún funcionario leal, era él quien lo gestionaba.

El Rolex, el yate y los jets

La otra cara de El Cangrejo es la que ha circulado en redes sociales durante años y que el Miami Herald documenta con detalle: videos en yates donde bromea — con palabras soeces y en español macarrónico — que la experiencia «se siente como estar en Miami, en Cancún»; fotos con lo que parece un Rolex en la muñeca; viajes en jets privados vinculados a un empresario panameño que hizo negocios con el régimen de Maduro; al menos 23 viajes a Panamá en dos años para, según fuentes de inteligencia citadas por La Prensa de Panamá, hacer compras de artículos de lujo.

De eso, tampoco se habla en la isla. Los cubanos no lo saben. Y el que se entera no puede decirlo, porque lo amenazan con años de cárcel. Pero el culpable es «el bloqueo» y Donald Trump.

Lo irónico — o lo obsceno, según se mire — es que Raúl Guillermo Rodríguez Castro encarna exactamente todo lo que su bisabuelo Fidel prometió erradicar para siempre. La revolución cubana nació, entre otras cosas, como una cruzada contra los «vicios burgueses»: el lujo, el consumismo, la ostentación, la desigualdad de clase. Fidel Castro pasó décadas vistiendo uniforme verde olivo y predicando la austeridad como virtud revolucionaria. Su nieto lleva Rolex, viaja en jets privados, tiene un yate donde bromea que se siente «en Miami, en Cancún» y hace compras de artículos de lujo en Panamá, como ya dijimos, mientras el pueblo cubano no tiene electricidad ni comida.

Es el resumen más brutal de lo que ha sido la revolución cubana en seis décadas: una élite que se apropió del discurso de la igualdad para blindar su propio privilegio de clase, mientras condenaba al resto a sobrevivir con una libreta de racionamiento. Fidel eliminó a los burgueses. Su familia se convirtió en ellos.

Una fuente con conocimiento de los negocios internos de GAESA, el conglomerado militar que controla gran parte de la economía cubana, lo describió al Herald sin rodeos: «Es un pulpo. Tiene tentáculos en todo lo que tiene que ver con dinero.»

Pero… ¿puede realmente cerrar un trato? Porque a fin de cuentas esto es lo que interesa. Si logra con sus conversaciones, si logra convencer a su abuelo de que el mejor camino es coger el trillo y evitar que «Cuco» Mendieta se aparezca en Cuba, y de paso, un poco a la larga, digamos diez, veinte años, logra que los cubanos vuelvan a conocer lo que es la prosperidad en sus vidas, habrá de seguro cientos de miles que le perdonen tantas excentricidades.

Sin embargo, el Herald lo recoge con escepticismo. Cita a John Kavulich, presidente del Consejo de Comercio y Economía EE.UU.-Cuba, quien duda de que El Cangrejo pueda entregar lo que Washington exige: «No estoy convencido de que sea potencialmente transformador.» Y recuerda que en las negociaciones con Obama, los cubanos «terminaron sin dar nada y obteniendo todo.»

El reloj corre. La crisis humanitaria se profundiza, el abuelo tiene 94 años y Trump es impredecible. El Cangrejo lleva un Rolex en la muñeca. El pueblo cubano lleva meses sin luz.

Fuente principal: Miami Herald / Nora Gámez Torres, 23 de abril de 2026

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