Hay declaraciones que incomodan, y luego están las de Ronkalunga. El músico cubano, conocido por su franqueza tanto dentro como fuera del escenario, se sentó frente al micrófono de Enrique Santos en Miami y dijo en voz alta lo que muchos en la industria solo susurran entre bastidores: el reparto cubano no tiene excusa para lo que está haciendo con la cultura de la isla.
Sin rodeos y sin nombres propios (aunque la conversación rozó en más de una ocasión con la figura del reguetonero cubano Bebeshito), Ronkalunga lanzó una crítica que va directa al corazón del debate más candente de la música cubana actual.
¿El reparto cubano hace idiota a la gente?
Uno de los escudos más utilizados por los defensores del reparto es su origen popular: la idea de que el género nació en los márgenes, en los barrios más olvidados de Cuba, y que por tanto representa una forma legítima y hasta necesaria de expresión cultural para quienes han sido históricamente ignorados por el sistema.
Ronkalunga no lo compra. Y tiene un argumento personal para rebatirlo.
“Yo también salí del barrio. Salí de un pueblo humilde, de una situación de pobreza igual que muchísimos de estos artistas, y no tengo ese mismo mensaje”, afirmó el músico. “Fui a la universidad y me hice ingeniero industrial”.
Para él, el origen humilde no puede convertirse en carta blanca para justificar cualquier contenido. “Es como decir que las personas que delinquen o que eligen las armas y salen a robar lo hacen porque nacieron en un barrio malo. ¿Y qué? En los barrios malos también hay maestros, doctores, enfermeros, personas que se levantan a construir”.
“Entonces no, no hay justificación para idiotizar a varias generaciones en nombre de que viniste de un barrio humilde”, sentenció.
Muchos músicos cubanos son “hipócritas”
Quizás uno de los momentos más reveladores de la entrevista no fue lo que Ronkalunga dijo sobre el reparto, sino lo que dijo sobre quienes callan. Según el músico, hay figuras importantes de la música (“incluso músicos muy grandes, muy buenos”) que prefieren no opinar en público por miedo a perder audiencia.
“Son hipócritas”, sentenció, “porque saben que meterse con el público del reparto es perder una audiencia muy grande, y todos dependemos un poco de eso”.
Lo que más preocupa a Ronkalunga no es el género en sí, sino su impacto acumulado en las generaciones más jóvenes. Habló otra vez de “idiotizar” a varias generaciones en nombre de una autenticidad que considera falsa, y califica de “disparate” defender ese camino apelando únicamente a la procedencia humilde de sus protagonistas.
Aclaró, eso sí, que su crítica no es una condena universal. “Cuando uno habla de algo, se refiere a la mayoría, no a que todo el mundo hace lo mismo”.
Pero el mensaje quedó en el aire, claro y sin ornamentos: para Ronkalunga, el barrio explica el origen, no justifica el daño.




















