La joven golfista Arabell Téllez, de 11 años y nacida en Miami Springs en el seno de una familia cubana, ha logrado abrirse paso hasta uno de los escenarios más exigentes del golf infantil en Estados Unidos: el Drive, Chip and Putt National Finals, celebrado en el emblemático Augusta National Golf Club.
Téllez se clasificó tras superar las fases previas de este circuito nacional, que reúne a algunos de los mejores talentos juveniles del país. Su llegada a Augusta no es un dato menor: el torneo es considerado una de las principales plataformas de desarrollo para futuras figuras del golf profesional en Estados Unidos, y competir allí a los 11 años la coloca en una posición poco común dentro de su categoría.
Durante la competencia, la joven cubana destacó con un drive de 238 yardas, una cifra que llamó la atención incluso dentro de un evento donde el nivel técnico es alto. Más allá del resultado puntual, su desempeño confirmó lo que ya venía mostrando en torneos locales: consistencia, potencia y una evolución sostenida para su edad.

El camino hasta Augusta no ha sido improvisado. Arabell entrena dos veces al día, con una rutina que combina trabajo técnico y enfoque mental. “Trato de ser al menos un 1% mejor cada día”, explicó en declaraciones recogidas por medios locales, una frase que repite como guía dentro de su preparación.
Su entorno ha sido determinante. Su padre, Javier, ha acompañado de cerca todo el proceso, no solo como apoyo emocional sino como parte activa de su desarrollo deportivo. A eso se suma el trabajo de su entrenadora, a quien la propia jugadora reconoce como clave en su crecimiento. “Gracias a ella estoy aquí”, afirmó.
Quienes la siguen de cerca destacan un elemento que va más allá de la técnica: su mentalidad competitiva. En un deporte donde la consistencia psicológica es tan importante como la ejecución, ese factor suele marcar diferencias desde etapas tempranas.
El Drive, Chip and Putt National Finals reúne cada año a decenas de niños clasificados en todo el país, y muchos de sus participantes terminan integrándose a programas universitarios de alto nivel o incluso dando el salto a circuitos profesionales en el futuro. Estar ahí, a los 11 años, ya implica haber superado un proceso selectivo exigente.
Para la comunidad cubana en el sur de la Florida, su historia añade un matiz adicional. En un contexto donde gran parte de la atención sobre Cuba gira en torno a crisis y dificultades, la irrupción de una niña de origen cubano en uno de los escenarios más prestigiosos del deporte estadounidense introduce una narrativa distinta: la del talento que se forma, compite y se posiciona en estructuras de alto nivel.
Arabell Téllez no es todavía una figura consolidada, pero su presencia en Augusta, su disciplina diaria y su rendimiento en competencia apuntan en una dirección clara. En el golf, ese tipo de trayectorias no suele ser casual.
Lo mejor de todo es que su caso no es aislado. Su caso no es aislado. En otro extremo del deporte, también ha comenzado a destacar la piloto cubana Isabella Abreu, nacida en Holguín y formada en Estados Unidos, quien ha ido avanzando desde el karting hasta competir en monoplazas en Europa. Abreu tiene previsto participar en el campeonato francés de Fórmula 4, una de las principales antesalas del automovilismo profesional, con la mirada puesta en escalar dentro de la pirámide que conduce a la Fórmula 1. Su presencia en ese circuito, aún en fase de desarrollo, apunta en la misma dirección que la de Arabell Téllez: talento de origen cubano abriéndose paso en disciplinas de élite donde históricamente la isla no ha tenido presencia estructurada.





















