“Creí que serían eternos”: El desgarrador adiós de la nieta de los abuelos asesinados en Santa Clara

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A través de palabras cargadas de una ternura que contrasta cruelmente con el destino final de sus abuelos, Sophie reconstruye una vida de sacrificios y afectos cotidianos. En su relato, la joven viaja a esos años donde la seguridad no era una preocupación, sino una certeza brindada por quienes la vieron crecer. 

«Me criaron con tanto amor, tan bien… «, confiesa la joven, evocando imágenes que cualquier cubano reconoce como propias, como aquellos días «cuando tú, abuelo, me llevabas detrás de la parrilla de la bicicleta para la escuela» o cuando el reloj marcaba la complicidad porque «me comprabas dulces a las 4:20”.

Esa cotidianidad, marcada por la humildad y el ingenio de la mesa cubana, cobra hoy un valor sagrado en su memoria. Sophie recuerda con una nostalgia punzante cómo «guardábamos panes viejos en el refrigerador para hacer croquetas y pudín», y revive el gesto generoso de un abuelo que encontraba la felicidad en los detalles más simples, como «lo emocionado que te ponías cuando me servías más arroz que a nadie»

Para ella, la estabilidad de su mundo residía en ese hogar que hoy es escena de un crimen: «Aquellos eran viejos tiempos. Tiempos que quisiera volver a vivir y disfrutar cada momento. Es que yo siempre creí que ustedes dos serían eternos, que nunca morirían, que mantendrían a nuestra familia siempre unida», subrayó con una honestidad que desarma.

El drama personal de Sophie Lam es también el reflejo de un país que ha visto cómo el concepto de «tranquilidad ciudadana» se desvanece entre robos y homicidios. Mientras las autoridades confirman la detención de cinco sospechosos vinculados al asalto en Santa Clara, la sensación de desprotección se propaga más rápido que cualquier comunicado oficial. 

Las víctimas, descritas por sus vecinos como personas trabajadoras y pilares de su comunidad, fueron sorprendidas en el lugar donde se supone debían estar más protegidas. Esta ruptura del espacio privado ha generado un consenso amargo en las redes sociales, donde usuarios sentencian con miedo que «ya ni en casa estamos seguros».

La despedida de Sophie cierra con el peso de lo que no se pudo decir a tiempo y la fragilidad del último encuentro. Con un nudo en la garganta, la joven admite un arrepentimiento que la acompañará siempre: «Nunca les dije cuánto me arrepentí de haberla dejado luego de cumplir 15, para seguir una fantasía adolescente»

Su último contacto con el abuelo queda ahora guardado como un tesoro amargo: «la última vez que te vi, en medio de un abrazo y un ‘te quiero’, te pedí que comieras, que estabas flaquito… y tú solo me sonreíste y te despediste de mí diciéndome que sí». Entre el luto y la exigencia implícita de justicia, sus palabras finales son un ruego al descanso eterno: «Por favor, descansen en paz… no habrá un segundo en que no piense en esos momentos familiares».

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