Noel Díaz, un campesino de Viñales, en Pinar del Río, vuelve a colocarse en el centro de la conversación pública cubana tras una nueva entrevista en la que redefine —o corrige— la historia que durante años ha circulado sobre él. Con diez mujeres, más de 30 hijos y un proyecto familiar extendido en varias viviendas cercanas, su caso ha sido contado antes en términos extremos. Ahora, sin embargo, él insiste en otra versión: lo suyo no es una enfermedad, sino una forma de vida.
La historia reciente parte de un reportaje difundido en YouTube, donde Noel aparece como eje de un modelo de convivencia poligámica que, según afirma, funciona sobre la base del respeto, la organización y la disciplina. A sus 52 años, asegura que no se trata de un impulso descontrolado ni de una necesidad médica.
Cuando se le pregunta directamente por el priapismo —la condición que en versiones anteriores se utilizó para explicar su situación—, responde sin rodeos: eso fue una interpretación ajena. Dice que lo suyo ocurre en momentos específicos, sobre todo en la noche, y no encaja con lo que describe esa enfermedad.
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Ese punto marca la diferencia con relatos anteriores, donde su vida fue presentada como consecuencia de una condición fisiológica que lo obligaba a mantener múltiples relaciones. En esta nueva versión, Noel rechaza completamente ese argumento. Habla de una dinámica construida con el tiempo, de vínculos que se sostienen más allá del sexo y de una estructura familiar que, según él, evita conflictos.
“No es un relajo”, repite varias veces durante la conversación.
Lejos de una convivencia bajo un mismo techo, explica que sus parejas viven en casas separadas, muchas de ellas a pocos metros unas de otras. Él organiza su tiempo entre ellas y defiende que el equilibrio está en la distribución, en el respeto y en evitar exhibiciones afectivas delante de los hijos. Insiste en que en su entorno no hay escenas públicas de intimidad y que los niños crecen bajo normas estrictas de comportamiento.
También introduce otro elemento que sustituye la narrativa médica anterior: habla de una condición “genética” presente en su familia. Menciona incluso que uno de sus hijos adolescentes estaría manifestando señales similares. Sin embargo, no lo define como enfermedad ni utiliza términos clínicos, sino como una característica heredada que forma parte de su historia familiar.
Su discurso se completa con una idea que repite a lo largo de la entrevista: el sexo no es lo esencial. Lo sitúa como algo secundario frente al trato cotidiano, la atención emocional y la comunicación. Según su versión, la estabilidad de su familia no depende de la frecuencia de las relaciones, sino de cómo se construyen los vínculos día a día.
Más allá de su vida personal, Noel desarrolla un proyecto cultural en la zona de Viñales, donde combina trabajo, convivencia y actividades familiares. En ese espacio, asegura haber creado un entorno que describe como “un paraíso”, en contraste con lo que observa fuera de su comunidad.





















