Medallista de oro olímpico que lucha por sobrevivir en Fort Lauderdale, recibe una buena noticia

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Este medallista de oro olímpico se vio obligado a vender su medalla.

Tras conocerse el caso, un reportaje reveló la existencia de un fondo de asistencia para exolímpicos, creado precisamente para apoyar a atletas que, décadas después de su participación, han quedado fuera del radar institucional. Este fondo ofrece subvenciones de emergencia, generalmente inferiores a 5.000 dólares.

Bob McVey formó parte de la historia del deporte estadounidense. Integró el equipo de hockey sobre hielo de Estados Unidos que en 1960 ganó la medalla de oro olímpica, la primera para el país en esa disciplina. En aquel torneo, su equipo derrotó a potencias como la Unión Soviética —considerada prácticamente invencible en ese momento— y Canadá, en una de las gestas más recordadas del hockey.

Décadas después, su realidad es muy distinta.

Según un reportaje del segmento investigativo “Seven Investigates”, McVey vive solo en un condominio en Fort Lauderdale, Florida, tras la muerte de su esposa por cáncer. Ya no puede conducir y debe desplazarse caminando, lo que lo expone a caídas y limita su vida diaria. Sin familia cercana ni una red de apoyo sólida, su situación se ha deteriorado progresivamente.

Fue en ese contexto que Natalie Dean, una cuidadora profesional, lo encontró mientras conducía por la A1A. Al verlo caminar con dificultad, decidió detenerse para ayudarlo. Lo que parecía un gesto puntual se convirtió en algo más: al conocer su situación, comprendió que McVey necesitaba asistencia constante.

“Quiero asegurarme de que esté a salvo”, explicó Dean, quien comenzó a visitarlo semanalmente de forma voluntaria.

Con el tiempo, descubrió un problema aún mayor. McVey había sido víctima de una estafa por parte de una mujer en quien confiaba, quien le solicitó repetidos “préstamos” que nunca devolvió. El monto total asciende a cerca de 300.000 dólares. “Es una estafadora, sin duda”, dijo el exdeportista.

Las consecuencias económicas han sido severas. Aunque dispone de recursos básicos para subsistir, no puede afrontar reparaciones esenciales en su vivienda. Su cocina está inoperativa porque el fogón no funciona, lo que lo obliga a alimentarse casi exclusivamente de sándwiches. El baño también presenta deterioros que dificultan su uso diario.

La situación llegó a un punto crítico cuando McVey se vio obligado a vender su medalla de oro olímpica para pagar una cuota especial del condominio. “No tenía el dinero”, explicó.

Ante este panorama, Dean contactó con el equipo de investigación para explorar posibles ayudas. El reportaje reveló la existencia de un fondo de asistencia para exolímpicos, creado precisamente para apoyar a atletas que, décadas después de su participación, han quedado fuera del radar institucional. Este fondo ofrece subvenciones de emergencia, generalmente inferiores a 5.000 dólares.

McVey planea solicitar esa ayuda. Su objetivo es sencillo: poder permanecer en su hogar hasta el final de su vida.

Mientras tanto, depende del apoyo de voluntarios como Dean y de una campaña de recaudación iniciada en su nombre. Su historia refleja una realidad menos visible del deporte de élite: la de quienes, tras alcanzar la cima, enfrentan en la vejez el abandono, la vulnerabilidad y la necesidad de ayuda externa.

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