Fallece Roberto Almarales, el caballo de batalla de Cienfuegos y verdugo de los Industriales

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El béisbol cubano despidió este 5 de marzo de 2026 a Roberto Almarales García, uno de los lanzadores más recordados de Cienfuegos y una figura de peso en la historia de las Series Nacionales.

La noticia fue dada a conocer por Wilfredo Rodríguez Quintana en Facebook, con un mensaje breve y directo.

“Hoy 5 de marzo de 2026 nos dice adiós un querido y respetado lanzador de nuestro béisbol cubano. EPD Roberto Almarales García”. En esa misma publicación lo describió como un referente para Santa Isabel de las Lajas, Cienfuegos y toda Cuba.

Almarales nació el 9 de febrero de 1955 en Santa Isabel de las Lajas, en la actual provincia de Cienfuegos, y desarrolló una carrera larga y sólida como pitcher derecho, señala la página Ecured. Los registros consultados coinciden en que jugó 18 temporadas en Series Nacionales, con presencia en equipos como Arroceros, Cienfuegos y Azucareros, aunque fue con la franela cienfueguera donde dejó la huella más profunda. También aparece vinculado a Las Villas en las Selectivas, etapa en la que siguió construyendo una reputación de lanzador resistente y confiable.

Sus números ayudan a entender por qué tantos aficionados lo siguen recordando. En su hoja de vida como pelotero figuran 107 victorias, 115 derrotas, 1.882 entradas lanzadas, 242 juegos iniciados, 93 juegos completos, 20 lechadas y 861 ponches, con promedio de carreras limpias de 3.95. Son cifras de un abridor de gran carga de trabajo, de esos que asumían la pelota una y otra vez y sostenían rotaciones enteras. En 1988-1989 lideró los juegos iniciados en su zona, y en 1989 alcanzó la marca de 100 victorias, un registro reservado para nombres mayores dentro del pitcheo cubano.

Su nombre quedó además asociado al sufrimiento de Industriales y de Ciudad de La Habana, al punto de que en espacios de aficionados y materiales dedicados a la memoria beisbolera todavía aparece descrito como “verdugo” de esos equipos. No era una etiqueta gratuita: Almarales construyó parte de su leyenda a fuerza de salidas largas, victorias importantes y una presencia incómoda para rivales de peso, especialmente en años en que Cienfuegos necesitaba brazos capaces de aguantar presión y volumen.

La dimensión humana apareció con fuerza en los comentarios que hoy vuelven a circular. Adriano Losa Rodríguez lo había presentado tiempo atrás como “uno de los lanzadores más destacados de Cienfuegos”, invitando a un programa especial para repasar su trayectoria. Bajo aquella publicación quedaron frases que hoy suenan a despedida: “Grande entre los Grandes”, escribió Lily Canedo. “Gran PERSONA Y BUEN LANZADOR”, apuntó Jorge Luis Bello. Erenio Humberto Cabezas lo definió como “tremendo apaga fuegos, acostumbrado para estos momentos”. Francisco Vera Iznaga lo llamó “un mago con los lanzamientos”. Otros recordaron su humildad, disciplina y vocación de entrenador. “Fue mi primer entrenador”, comentó Yeiniel Cruz.

No faltaron, incluso entonces, voces que pedían mayor atención institucional. “Hay que atenderlo como gloria que es del deporte revolucionario”, reclamó un usuario en referencia a problemas de salud que ya atravesaba. Ese reclamo reaparece ahora, tras su fallecimiento.

El escritor Camilo Venegas, «El Fogonero», narraba en mayo de 2016 una anécdota sobre este pitcher, que fue el sucesor de Rolando Macías y el predecesor de Adiel Palma, Yosvany Pérez y Norberto González. Ellos cinco conforman, sin dudas, los cinco mejores pitchers que ha dado la provincia de Cienfuegos.

Venegas lo recuerda como uno de los peloteros más sobresalientes de aquellos años, 70 y 80´en los que Cienfuegos no le ganaba a nadie en la pelota, y era Roberto Almarales, el único que sacaba la cara por los llamados «Elefantes».

«Recuerdo un domingo de principios de los 80 en que tiró tremendo juego en el 5 de septiembre.  Cuando pasó en la guagua de Lajas, los borrachos de mi pueblo lo hicieron bajar para celebrar la victoria. A las 10 de la noche lo subieron a un tren de carga para que lo dejaran en Cruces y, una vez allí, trataran de mandarlo a como diera lugar para Santa Isabel.

«Nunca supe cómo llegó, solo sé que el sábado siguiente le ganó a Jorge Luis Valdés y al temible Henequeneros. “¡Ese negro es un pingú, cojones!”, exclamó el Curro Guedes cuando Almarales sacó el último out. Era una época muy romántica, en que bastaba que nuestro equipo ganara un partido para sentirnos dichosos,» narra Venegas en su blog.

«Ya casi nadie recuerda a Roberto Almarales. Pero cuando yo pienso en aquella época, su nombre es uno de los primeros que me viene a la cabeza,» dijo.

En una crónica que publiqué en el año 2017 en la revista digital Play Off Magazine, sobre otra de las leyendas del equipo de Cienfuegos de aquellos años, Adolfo Borrell, escribí:

«Esa fue la época en que Cienfuegos sólo ganaba con Muñoz y Cheíto, y algunas veces con algo que hacía Sixto Hernández, porque pitchers, lo que se dice PITCHERS, a excepción – y modesta – de Roberto Almarales y de Octavio Gálvez, no teníamos uno.» Aunque a fuerza de ser sinceros, teníamos otros dos más: Ramón Castellanos y Jose Ramón Sastre; pero era Almarales nuestro caballo de batalla.

Más allá de los números, la muerte de Roberto Almarales reactiva el recuerdo de una generación de pitchers hechos para durar, competir y cargar innings sin tanto alarde. En Cienfuegos su nombre sigue apareciendo entre los lanzadores más destacados de la historia del equipo, junto a otros referentes del montículo. Ahora queda su legado en la estadística, en la memoria de la afición sureña y en ese raro prestigio que solo conservan los peloteros que hicieron carrera enfrentando, y muchas veces doblegando, a los grandes.

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