Primer Ministro Manuel Marrero Cruz pide más sacrificios a la población en Oriente

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Manuel Marrero Cruz cerró enero con una gira por el Oriente cubano que, en lo esencial, repitió un mismo mensaje: hay que “hacer mucho más” incluso en medio de la crisis. El Primer Ministro presidió sesiones extraordinarias de los consejos provinciales de Gobierno en Granma, Guantánamo y Santiago de Cuba, donde habló de cambios “con proactividad”, más control y más producción, con el subtexto clásico de la etapa: resistir y apretarse aún más.

“Llama en Bayamo” fue el titular elegido por el diario La Demajagua – y el «periodista» Eugenio Pérez Almarales – para contar el paso del Primer Ministro por Granma.

La frase no es inocente: arrastra un ruido histórico inevitable. Bayamo fue quemada en 1868 y esa “llama”, puesta en un encabezado, puede sonar a eco involuntario de fuego, aunque el texto solo hable de reuniones y lineamientos. Además del eco histórico inevitable de 1868, tiene una cacofonía leve —ese choque de sonidos la-ma / ba-ya-mo— que en un titular suena torpe y termina añadiendo ruido a un texto que pretende sonar solemne, como muestra indeleble de lo malos que son nuestros periodistas nacionales; los mismos que luego «aparecen» recibiendo premios «José Martí» por la obra de toda una vida, para luego expresar: «Martí no conoció la corriente eléctrica».

En Bayamo, Marrero pidió “protagonismo” y “proactividad” para “los cambios necesarios” y colocó como método de dirección un ejercicio doméstico de autochequeo: “cada día, con la almohada”, revisar errores y “rectificar de inmediato”.

También insistió en que “el pueblo debe percibir el resultado del esfuerzo” y citó la máxima de Fidel Castro de “cambiar todo lo que debe ser cambiado”. A la vez, invocó a Miguel Díaz-Canel para reiterar que no se puede seguir dirigiendo “desde reuniones e informes”, sino “desde la calle, junto al pueblo”, mientras advertía a los cuadros que eviten promesas imposibles y que informen mejor a la ciudadanía.

En Guantánamo, el foco fue la producción local y el uso de “capacidades endógenas”: más alimentos, más renglones exportables y una canasta básica cada vez más municipal. Se mencionaron proyectos como un programa arrocero de unas 600 hectáreas, además de reservas en cacao, café, coco, pesca y apicultura, con posibilidades de encadenamientos.

En Santiago de Cuba, el discurso se mezcló con efemérides —Martí y el centenario de Fidel— y con una agenda que prioriza déficit fiscal, materiales de construcción, viales y atención al Plan Turquino. Se exhibieron números de proyectos de desarrollo local y acciones en agua y energía, pero la idea de fondo quedó intacta: el Gobierno viaja, orienta y vuelve a pedirle a la población paciencia, disciplina y sacrificio como condición para “salir adelante”.

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