El tanquero Swift Galaxy, señalado en las últimas semanas como una de las cargas de crudo mexicano previstas para aliviar la crisis de combustible en Cuba, terminó cambiando de rumbo y navega ahora hacia el norte de Europa, con destino final en Dinamarca. El movimiento, rastreable en plataformas de seguimiento marítimo, reavivó las dudas sobre la continuidad y la opacidad de los envíos de Pemex a la Isla, justo cuando la presidenta Claudia Sheinbaum evita responder con claridad si México mantendrá o no esas entregas.
Según reconstruyó 14ymedio, el Swift Galaxy —de bandera panameña y con una capacidad superior a 700.000 barriles— pasó un largo período anclado en el puerto mexicano de Pajaritos y zarpó el 10 de diciembre. Desde ahí, su ruta lo llevó hacia el Caribe y Sudamérica antes de cruzar el Atlántico hasta Gibraltar y, finalmente, reprogramar el trayecto hacia Dinamarca, donde se le espera el 4 de febrero, de acuerdo con datos de seguimiento citados por el propio medio. La magnitud del buque y el itinerario llaman la atención de analistas, entre ellos el experto Jorge Piñón (Universidad de Texas), por ser un tamaño poco habitual para los embarques que México ha venido colocando en la ecuación energética cubana.
El giro del Swift Galaxy ocurre en medio de versiones sobre una suspensión de entregas y de preguntas insistentes a Sheinbaum, detonadas por un reporte previo de Bloomberg sobre una carga que “desapareció” del calendario. En su conferencia matutina, la presidenta se limitó a reiterar la idea de “decisión soberana” y enmarcó el suministro a Cuba como una combinación de contratos y envíos por “razones humanitarias”, sin confirmar si el caso del Swift Galaxy implicó una cancelación, una reasignación comercial o una pausa temporal.
Para La Habana, el episodio suma incertidumbre en un momento en que el combustible entra y sale del mapa con impacto directo en la vida diaria. 14ymedio recordó que el último petrolero procedente de México que arribó a Cuba fue el Ocean Mariner, el 9 de enero, con 86.000 barriles, y que su descarga se reflejó incluso en el vaivén de la disponibilidad de servicentros en la capital. En paralelo, distintos medios en México han reportado presiones políticas internas, cuestionamientos sobre la falta de transparencia y una defensa oficial que insiste en que estos envíos no son nuevos, sino parte de una relación sostenida y discretamente ampliada desde 2024.
En Cuba, donde Díaz-Canel ha intentado presentar el vínculo energético con México como un respaldo clave en plena crisis, el desvío del Swift Galaxy deja una estampa poco amable: el barco grande que se esperaba como alivio terminó apuntando a Europa. Y, con él, se mueve también la pregunta central que Sheinbaum sigue esquivando: cuánto de esa “solidaridad” es compromiso sostenido y cuánto es una válvula que se abre o se cierra según el costo político del momento.
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