La provincia de Granma incorporó cuatro ambulancias al sistema de urgencias, asignadas a las bases regionales del SIUM en Bayamo, Manzanillo, Jiguaní y Niquero, como parte de una compra nacional de 50 ambulancias financiada “a través del presupuesto estatal”.
De todo esto nos enteramos gracias al diario oficialista Granma, que muestra la cifra con toda la rimbombancia que la noticia requiere.
Sin embargo, si el periodismo oficial todavía tuviera un vínculo sano con la realidad, esa noticia sería un simple parte logístico, una actualización de inventario. En Cuba se convierte en símbolo, en alivio, en promesa, casi en evento. Y que cuatro vehículos en una provincia se narren con ese peso es la evidencia más clara de lo que el texto intenta ocultar: la normalidad ya no existe, y por eso cualquier parche debe presentarse como avance histórico.
El artículo insiste en adjetivos que funcionan como tranquilizantes: “última generación”, “estándares internacionales”, “autonomía”, “eficientes energéticamente”, “respaldo de mantenimiento”, “facilidades básicas” para instalar equipos adicionales.
Esa lista suena moderna, pero también suena a sustituto del dato que falta: cuántas ambulancias realmente operativas tiene cada municipio, cuántas están rotas, cuántas sin baterías, cuántas sin gomas, cuántas sin combustible, cuántas haciendo de carro fúnebre improvisado o de transporte general porque no hay otra cosa. El periodismo del Partido no vive para poner números incómodos, vive para administrar percepción: “llegaron”, “se inscriben”, “se acondicionan”, “pronto operarán”. Todo está en futuro cercano, como si el país pudiera seguir viviendo en el gerundio.
Lo interesante es que Granma, tratando de ser honesto sin serlo demasiado, reconoce lo esencial: que esto responde a una “crítica escasez” de transporte sanitario, que existe un “severo déficit” agravado por crisis económica y embargo, y que “todavía no se cubre la totalidad de la demanda”. Ahí está el país real, comprimido en una frase que el texto no desarrolla porque desarrollarla sería hablar de gente que llama y no llega nadie, de familias que pagan un carro particular para ir a un hospital, de pacientes que se mueren en la espera, de médicos que trabajan con el estrés de saber que una urgencia depende de un motor que quizás no encienda.
La nota también coloca un nombre empresarial, MCV Comercial S.A., como proveedor, y subraya que hay “respaldo de mantenimiento” para asegurar operatividad. En Cuba, esa promesa siempre choca con la misma pared: mantenimiento sin piezas, piezas sin divisas, divisas sin producción, producción sin electricidad, electricidad sin combustible. Es una cadena circular donde el anuncio se convierte en propaganda preventiva: se celebra hoy para que mañana el ciudadano no pregunte por qué no llegó la ambulancia, porque “acaban de entregar 50”.
Ya veremos luego a esos ambulancieros usando las ambulancias para… ¡ir a la playa!


















