La Habana a oscuras: medios internacionales advierten de lo que se avecina en Cuba sin el crudo venezolano

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La capital cubana, que alguna vez fue una ciudad famosa y pionera por su arquitectura, su vida callejera y sus atardeceres sobre el Malecón, vive ahora un apagón que, aunque temporal en su inicio, se ha transformado en símbolo de una crisis energética profunda y estructural que amenaza con alargar sus efectos más allá de unas horas sin luz.

Desde la tarde del pasado domingo, grandes sectores del municipio de La Habana han quedado sin suministro eléctrico. Autoridades locales han reportado fallas generalizadas en el sistema de distribución, lo que ha dejado a amplias zonas de la ciudad en penumbras durante horas consecutivas. La magnitud del déficit de energía es tal que la Empresa Eléctrica provincial habla de una desconexión de alrededor de 319 megavatios, una cifra que supera con creces la capacidad de respuesta inmediata de las brigadas técnicas y que ha provocado la caída de la corriente en varios de los seis grandes bloques en que se divide la capital.

Para muchos habitantes de La Habana, este apagón no es un hecho aislado, sino la manifestación más visible de una crisis energética que viene acumulándose desde hace años. Aunque el Gobierno cubano no ha detallado oficialmente las causas puntuales de este corte, analistas vinculados al sector energético señalan que la falla se produce en un contexto de falta de combustible para las plantas termoeléctricas, deterioro de equipos y sobrecarga de una infraestructura que data, en buena parte, de décadas pasadas.

La crisis cubana de energía se ha ido agravando en paralelo con la disminución de suministros de petróleo y derivados que tradicionalmente llegaban desde Venezuela bajo acuerdos políticos y comerciales. En 2026, expertos han advertido que las tensiones geopolíticas y las nuevas amenazas de restricciones de Estados Unidos sobre el suministro venezolano podrían exacerbar aún más la situación energética de la isla, dejando a ciudades como La Habana vulnerables a apagones aún más frecuentes y prolongados.

Desde la comunidad técnica, voces como la de economistas y especialistas en energía han subrayado que Cuba enfrenta una encrucijada: o logra una inyección significativa de recursos para modernizar y diversificar su matriz energética, o se ve obligada a convivir con cortes cada vez más largos. En declaraciones recogidas por El País, expertos señalan que la isla se halla en uno de los momentos más frágiles de su historia reciente, con un cóctel de crisis que combina fallas eléctricas severas, escasez de combustibles, caída de industrias clave como el turismo, y un contexto económico internacional adverso.

Para los habaneros, la vida cotidiana se ha complicado rápidamente. Con la caída de la electricidad se detienen servicios básicos como agua corriente, comunicaciones por internet, transporte público eléctrico y hasta el funcionamiento de las farmacias y centros de salud en horarios críticos. Los residentes han reportado largas colas en estaciones de gasolina, debido a la falta de combustible para generadores, y una creciente incertidumbre sobre cuánto tiempo durará este estado de “penumbra prolongada”.

En algunos hogares, la única alternativa para iluminarse por las noches ha sido recurrir a pequeños generadores personales o lámparas de emergencia, compradas a precios cada vez más altos en el mercado informal. Hay quienes cocinan con leña o carbón para evitar el gasto de gas, cuyos precios se han disparado; y quienes, en barrios más humildes, simplemente adaptan su rutina diaria a la luz del día, modificando horarios y actividades para depender lo menos posible de la electricidad.

El apagón también ha reavivado tensiones políticas internas. Sectores del Gobierno insisten en vincular la crisis actual con las presiones externas —incluidas las amenazas de restricciones al suministro de petróleo venezolano— y con décadas de bloqueo económico por parte de Estados Unidos. Mientras tanto, para una buena parte de la población, la narrativa oficial choca con una frustración creciente generada por años de interrupciones, falta de inversión en infraestructura y una percepción de que las soluciones estructurales siguen lejos de concretarse.

“El país está, literalmente, a oscuras”, dijo uno de los residentes entrevistados en La Habana por El País, refiriéndose no solo a los cortes eléctricos sino al clima de incertidumbre que domina la ciudad. La metáfora —que combina lo físico con lo emocional— resume bien la sensación de muchos cubanos: no solo se enfrentan a apagones diarios, sino a una oscuridad más amplia, la de un futuro que todavía no resulta claro ni estable.

Medios internacionales han comenzado a describir el apagón actual como parte de un escenario más amplio de deterioro. En un análisis reciente, ABC advirtió que Cuba se aproxima a un punto crítico si se concreta el bloqueo del crudo venezolano, en un momento en que el sistema eléctrico ya opera al límite. El diario español señala que los cortes de más de diez horas, habituales en provincias del interior, podrían convertirse también en rutina en La Habana, algo que hasta hace pocos años se intentaba evitar por su impacto político y social.

Una lectura similar aparece en The New York Times, que vincula los apagones actuales con una “tormenta perfecta”: infraestructura obsoleta, dependencia energética extrema y un endurecimiento del contexto geopolítico tras las decisiones de Washington sobre Venezuela y Cuba. El periódico subraya que, incluso antes de estas tensiones, la electricidad ya era intermitente en buena parte del país, obligando a cocinar con carbón y reorganizar la vida cotidiana en función de la luz solar.

Mientras tanto, brigadas técnicas continúan trabajando para restaurar el servicio lo antes posible, pero sin fechas claras de normalización total. Lo que ocurre en La Habana, por tanto, podría ser solo una muestra anticipada de lo que vendrá: una época de mayor precariedad eléctrica, retos económicos más duros y la necesidad urgente de soluciones energéticas reales, sostenibles y adaptadas a la realidad cubana actual.

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