El historiador ucraniano Serhii Plokhy, profesor de la Universidad de Harvard y autor del libro The Nuclear Age, advirtió en una entrevista con The Sunday Times que el mundo atraviesa un momento de peligro nuclear “más grave que durante la crisis de los misiles en Cuba”. Plokhy sostiene que la proliferación de potencias atómicas y la erosión de los mecanismos de control creados tras la Guerra Fría han convertido el escenario global en una “autopista nuclear con demasiados conductores y sin luces encendidas”.
Durante la crisis de 1962, recordó, solo cuatro países poseían armas nucleares: Estados Unidos, la Unión Soviética, Reino Unido y Francia. Hoy, además de esas potencias, se suman China, Israel, India, Pakistán y Corea del Norte, con varios otros aspirantes a entrar al club atómico. Si el actual equilibrio internacional se fractura, advierte Plokhy, podrían emerger hasta cuarenta Estados con capacidad nuclear.
Esa expansión del arsenal mundial coincide con la desaparición de tratados y canales de comunicación que durante décadas mantuvieron a raya una guerra total. El miedo que en el pasado funcionó como disuasión ahora, según él, se ha transformado en combustible para una nueva carrera armamentista.
El académico considera que el miedo a Vladimir Putin ha impulsado una política de “apaciguamiento” que prolonga la guerra en Ucrania. Las amenazas del líder ruso de usar armas nucleares si la OTAN interviene más directamente han frenado el apoyo occidental y creado, en palabras de Plokhy, “la ilusión de que alimentar al león aplacará su hambre”.
A su juicio, esa contención permitió que Rusia invadiera en 2022 un país que, paradójicamente, había renunciado a su arsenal nuclear en virtud del Memorándum de Budapest de 1994. Aquel acuerdo, que preveía la protección de la soberanía ucraniana por parte de Estados Unidos, Reino Unido y Rusia, “creó un vacío de seguridad” y terminó facilitando la mayor guerra europea desde 1945.
Plokhy también alerta sobre un nuevo tipo de amenaza: el uso bélico de instalaciones nucleares civiles, como las de Chernóbil o Zaporiyia, convertidas en posibles “bombas sucias” en medio del conflicto. El académico, autor de Chernobyl: History of a Tragedy, sostiene que la guerra en Ucrania ha infligido un “golpe colosal” al régimen de no proliferación nuclear, al demostrar que solo los países con armas atómicas pueden garantizar su soberanía.
Sin embargo, cree que la no proliferación aún puede sobrevivir si Occidente logra proteger a Ucrania y reconstruir un sistema global de seguridad. “El futuro del mundo nuclear”, concluye, “se decidirá en Ucrania y, quizá, otra vez en Budapest” (The Times, 18 de octubre de 2025).


















