Venezuela respira nuevos aires, y Trump desea que así se mantenga

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En Washington, la narrativa sobre Venezuela ha cambiado de tono y de ritmo. Donald Trump ya no habla solo de presión o castigo, sino de continuidad, reconstrucción y control del proceso. El anuncio de que recibirá la próxima semana a María Corina Machado en la capital estadounidense fue leído como una señal clara de respaldo político en plena transición venezolana, pero también como un mensaje hacia dentro y hacia fuera: el nuevo escenario necesita estabilidad, aliados visibles y una hoja de ruta que no se salga del guion trazado desde la Casa Blanca.

Trump confirmó el encuentro durante una entrevista televisiva, en la que describió a Machado como “una buena persona” y expresó su disposición a saludarla personalmente.

El gesto marca un contraste con declaraciones anteriores, cuando había puesto en duda su liderazgo interno, y coincide con el momento en que Washington presenta la captura de Nicolás Maduro como el punto de partida de una reconstrucción institucional. Para Trump, Venezuela tendrá elecciones y será “reconstruida”, una promesa que coloca a la dirigente opositora como figura central del nuevo ciclo político.

Ese mismo marco explica otro movimiento clave: la convocatoria urgente a las grandes petroleras internacionales para discutir el futuro energético del país. Ejecutivos de compañías como Repsol, junto a otros actores globales, fueron llamados a Washington para definir el nuevo esquema petrolero venezolano, apenas días después del cambio de poder en Caracas. El objetivo es reordenar licencias, inversiones y control de la producción en un país que posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo, pero cuya infraestructura está devastada tras años de crisis y sanciones.

Trump ha sido explícito: Estados Unidos estará a cargo del petróleo venezolano durante la fase de estabilización, con planes que incluyen inversiones millonarias y la reactivación del sector bajo supervisión directa. La energía aparece así como el eje real de la transición, el factor que debe garantizar que los “nuevos aires” no se disipen rápidamente.

«Vamos a estar trabajando con ellos… nosotros vamos a manejar el petróleo. Mañana me reúno con todos los grandes ejecutivos petroleros… ellos van a entrar y van a reconstruir toda la infraestructura petrolera,» dijo, dando a entender que no se meterán en decisiones políticas, sino que ayudarán a que Venezuela tome el rumbo correcto. A fin de cuentas se trata de un país con enormes recursos petroleros que, durante años ha sido saqueado literalmente. Tanto primero por oligarquías petroleras, como por el chavismo despilfarrador.

Desde la oposición tradicional, Juan Guaidó reapareció para reforzar ese relato. En un mensaje público, aseguró que Trump “es un hombre de palabra” y recordó compromisos asumidos en 2020 que, según él, hoy se están cumpliendo.

Guaidó insistió además en que la liberación de presos políticos debe ser una prioridad inmediata, pero su declaración también funcionó como aval político: para un sector de la oposición, el respaldo de Washington sigue siendo la piedra angular del proceso.

En conjunto, las señales apuntan a lo mismo. Trump no solo quiere que Venezuela respire; quiere asegurarse de que lo haga bajo condiciones que no alteren el nuevo equilibrio.

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