Ulises Aquino le canta las cuarenta al régimen tras el Pleno Extraordinario: «¿Tuvieron que llevarnos hasta este calvario para darse cuenta?»

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El discurso oficialista no termina de convencer a quienes llevan años sufriendo las consecuencias de las malas decisiones en la isla. Tras el reciente Pleno Extraordinario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, donde el gobernante Miguel Díaz-Canel intentó mostrar un rostro autocrítico afirmando que «Lo que depende de nosotros tenemos que cambiarlo nosotros, y tenemos que cambiarlo ahora», las reacciones no se hicieron esperar. Una de las más aplaudidas y virales llegó de la mano del reconocido barítono y promotor cultural Ulises Aquino Guerra, quien utilizó su perfil de Facebook para desmontar la retórica gubernamental con una franqueza fulminante.

Indignado por lo que considera una reacción demasiado tardía a una crisis evidente, el artista lanzó un cuestionamiento directo a la cúpula dirigente. Sin pelos en la lengua, Aquino plasmó el sentir de miles de cubanos: «¿Y si dependía de nosotros, por qué no lo cambiaron? Mucha gente, se los dijo todo el mundo durante años, ¿tuvieron que llevarnos hasta este calvario para darse cuenta?».

El paquete de salvavidas económico presentado por la Asamblea Nacional, compuesto por 176 medidas estructuradas en 23 ejes estratégicos, busca frenar el colapso tras la admisión de Díaz-Canel sobre las fallas internas. Sin embargo, para Aquino, este movimiento político no borra el daño causado. El barítono reconoció que se está dando un paso, pero advirtió sobre el vacío legal y político que acompaña a estos anuncios: «Faltan muchas cosas para que lo anterior pueda suceder. ¿Cuáles son las garantías? ¿Habrá división de poderes?».

La indignación del creador fue subiendo de tono al analizar el costo humano de la terquedad institucional. Para él, la única salida ética de quienes mantuvieron el país atado de manos es abandonar el poder. Así de claro lo dejó en su publicación: «Si quedaban tantas trabas y no las quitaron ustedes aún conociendo las consecuencias que hemos padecido, lo más honorable, lo digno y lo lógico es que renuncien».

Durante su intervención, Díaz-Canel intentó vender la idea de soberanía asegurando que «no lo estamos haciendo por las presiones de los yanquis». Aquino recogió el guante y destrozó este argumento, recordando que la verdadera deuda del Estado es con su propio pueblo, no con las agendas extranjeras. El artista subrayó que la solución no radica en ceder ante actores internacionales ni en que la diáspora dicte el camino, sino en un consenso nacional genuino: «No se trataba de complacer a Trump, ni a Rubio, se trataba de escucharnos a nosotros. Tampoco se trata de aceptar que el exilio traiga normas, ni las de ustedes, se trata del derecho de todos a crear esas normas y condiciones».

La figura de Raúl Castro, quien avaló el documento de propuestas a través de una videoconferencia, tampoco escapó del escrutinio de Aquino. El cantante señaló directamente al general de ejército como el verdadero titiritero detrás del telón de las reformas, afirmando que «Estos cambios dependieron de la firma del que verdaderamente manda, y ustedes aprueban el tipo de Socialismo que les conviene».

Para que Cuba funcione, advirtió Aquino, la economía no puede desligarse de los derechos civiles. El artista insistió en que «Se necesitan esas mismas aperturas y esas libertades que ahora necesitan, para pensar, para expresar y para vivir. Por tanto no podrá funcionar bien, faltan muchas cosas todavía». Además, lamentó profundamente la desconexión emocional del liderazgo con la gente de a pie: «Es muy triste que les preocupe más lo que han llamado Socialismo, que el pueblo». Su sentencia final fue demoledora: «Empezaron al revés».

El historial de desencuentros entre Aquino y el régimen no es nuevo. En 2012, sufrió en carne propia la censura cuando el Departamento Ideológico del PCC ordenó el cierre de su exitoso proyecto «Ópera de la Calle». Esta iniciativa comunitaria, nacida en 2006, daba sustento a unas 130 familias y albergaba a más de 200 artistas, pero fue desmantelada bajo la absurda acusación de «enriquecimiento». Lejos de rendirse, apenas la semana pasada publicó un manifiesto titulado «La Cuba que yo quiero», demandando el cese de la exclusión política y la creación de un gobierno inclusivo.

Las palabras de Aquino resuenan en un panorama de tensión palpable. Expertos como el economista Pedro Monreal coinciden en que estas medidas son un «pragmatismo tardío», argumentando que el tren de las reformas graduales al estilo asiático ya pasó para Cuba. Mientras los líderes debatían en el cónclave partidista, la calle hablaba su propio idioma: los reportes de cacerolazos retumbaban en barrios de La Habana, Santa Clara y Santiago de Cuba, evidenciando que la paciencia del pueblo se agotó hace mucho tiempo.

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